4 de mayo de 2025 a las 14:15
Universitario arrojado: ¿Crimen por celular?
La brutal agresión sufrida por Rubén Sánchez, estudiante de Arquitectura de la UTP, ha conmocionado a la sociedad peruana y ha trascendido fronteras. Las imágenes, impactantes y difíciles de digerir, muestran la violencia desmedida a la que fue sometido el joven de tan solo 21 años. Más allá del horror que producen las imágenes, es importante analizar las claves de este caso que ha puesto en el ojo del huracán la seguridad ciudadana y la violencia juvenil en el país.
El ataque, ocurrido la noche del 30 de abril en Los Olivos, Lima, se desencadenó tras una aparente discusión entre Rubén y un grupo de al menos seis jóvenes. Según el testimonio de la víctima, él regresaba a casa tras una jornada de trabajo escolar en la UTP cuando se cruzó con este grupo en un puente peatonal. La discusión verbal escaló rápidamente a una brutal golpiza que dejó a Rubén con el rostro desfigurado. La ferocidad del ataque es escalofriante: no conformes con la golpiza, uno de los agresores arrojó a Rubén desde el puente, una caída de aproximadamente cuatro metros que le provocó diversas fracturas. Este detalle es crucial, ya que revela la intencionalidad de causar un daño grave, incluso poniendo en riesgo la vida del joven estudiante.
La indefensión de Rubén frente a la superioridad numérica de sus atacantes es un factor que agrava la situación. La violencia en grupo, conocida como "bullying" o acoso en otros contextos, crea una dinámica de poder desequilibrada donde la víctima se encuentra atrapada y sin posibilidad de defensa. En este caso, la violencia se desató con una saña inexplicable, dejando a Rubén inconsciente y a merced de la suerte. Afortunadamente, transeúntes que presenciaron la agresión lo auxiliaron y trasladaron a una clínica. A la gravedad de las lesiones físicas se suma el trauma psicológico que un evento de esta magnitud puede causar.
La investigación del caso toma un giro aún más complejo con la revelación de que los agresores serían estudiantes de la Universidad César Vallejo (UCV). Si bien Rubén no ha revelado sus identidades para no entorpecer las investigaciones, esta información abre interrogantes sobre el ambiente y la cultura en dicha institución. ¿Existe un problema de violencia latente entre los estudiantes? ¿Qué medidas se están tomando para prevenir este tipo de situaciones? La colaboración de la UCV con las autoridades será fundamental para esclarecer los hechos y determinar las responsabilidades correspondientes.
El clamor de justicia de Glasdeni Carlos Manrique, madre de Rubén, es desgarrador. Su testimonio refleja el dolor y la impotencia de una madre que ve a su hijo brutalmente agredido. Su llamado a las autoridades para que actúen con celeridad y se haga justicia es un reflejo del sentimiento generalizado de indignación que este caso ha generado. La sociedad exige respuestas y medidas concretas para combatir la violencia y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. Este caso no puede quedar impune. Es necesario que se investigue a fondo, se identifique a todos los responsables y se les aplique el peso de la ley. Solo así se podrá enviar un mensaje claro de que la violencia no será tolerada y se podrá comenzar a construir un futuro más seguro para todos.
Fuente: El Heraldo de México