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4 de mayo de 2025 a las 15:20

Tragedia Azul: Ídolo Asesinado

La tragedia cortó de tajo la prometedora carrera de Octavio "El Centavo" Muciño, una estrella fugaz que brilló con intensidad en el firmamento del fútbol mexicano. Su nombre, grabado a fuego en la memoria colectiva de la afición cementera, evoca la época dorada de la Máquina Celeste, aquellos años 70 donde los títulos se sucedían uno tras otro. ¿Quién podría olvidar su actuación estelar en la final del 72 contra el América? Dos goles suyos contribuyeron a la contundente victoria que cimentó la leyenda del Cruz Azul. Un joven de San Miguel Vindho, Hidalgo, que con su talento y entrega conquistó el corazón de la afición.

Su traspaso a las Chivas de Guadalajara, junto al de Jorge Valdivia, generó una enorme expectativa. La Perla Tapatía se preparaba para recibir a uno de los delanteros más letales del país, un jugador capaz de desequilibrar cualquier defensa con su velocidad y olfato goleador. La temporada 73-74 prometía ser inolvidable con "El Centavo" vistiendo la rojiblanca. Pero el destino, caprichoso e implacable, tenía otros planes.

La noche del 31 de mayo de 1974, la alegría y la promesa se transformaron en tragedia. Una cena en el afamado restaurante Carlos O'Willys, un comentario desafortunado, una discusión que escaló rápidamente. Los detalles, reconstruidos a partir de los testimonios de la época, dibujan una escena desgarradora. Jaime Muldoon Barreto, un aficionado del Atlas, hijo de una influyente familia tapatía, se enfrascó en una disputa verbal con Muciño. La intervención de otros comensales logró separar a los contendientes, pero la tensión seguía latente en el aire.

Muldoon, apodado "El Arquitecto", abandonó el restaurante con la furia hirviendo en su interior. Regresó minutos después, armado con una pistola que guardaba en su vehículo. "El Centavo", con la intención de apaciguar los ánimos, salió a su encuentro. Un gesto de nobleza que le costaría la vida. Tres disparos resonaron en la noche tapatía, uno de ellos impactó en la cabeza del futbolista, los otros dos en el pecho y el hombro.

La noticia del atentado conmocionó al país. Octavio fue trasladado de urgencia al hospital México-Norteamericano, donde los médicos lucharon por salvar su vida. El diagnóstico era desalentador: coma profundo y pronóstico reservado. Tres días después, el 3 de junio de 1974, se confirmaba lo inevitable. "El Centavo" Muciño, con tan solo 24 años, dejaba un vacío irremplazable en el fútbol mexicano.

La indignación por el crimen se mezclaba con la impotencia. Muldoon Barreto, amparado por el poder e influencia de su familia, logró evadir la justicia. Se dijo que huyó a Europa, un destino donde la extradición era imposible. Las investigaciones, según reportes de la época, se estancaron misteriosamente. La sombra de la impunidad se cernía sobre el caso, dejando una profunda herida en la sociedad.

A más de cuatro décadas de la tragedia, el recuerdo de Octavio "El Centavo" Muciño sigue vivo. Su legado trasciende las estadísticas y los títulos. Es un símbolo de talento truncado, de una promesa que jamás pudo cumplirse. Una historia que nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de valorar cada instante. Un recordatorio doloroso de que la violencia puede arrebatarnos a nuestros ídolos en un abrir y cerrar de ojos. Su nombre, sin embargo, resonará por siempre en los corazones de los aficionados al fútbol, un eco imborrable de la época dorada del Cruz Azul.

Fuente: El Heraldo de México