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4 de mayo de 2025 a las 14:50

Descubre el paraíso cafetero (no es Colombia)

El aroma a café recién colado se extiende por las calles adoquinadas de La Habana Vieja, un perfume tan característico de la isla como el ritmo del son cubano. Y es que en Cuba, el café no es simplemente una bebida, es un ritual, una tradición, un símbolo de identidad que se comparte a cualquier hora del día, en cualquier rincón del país. Recientemente, este néctar oscuro y aromático ha conquistado un lugar de honor: el primer puesto en el ranking de Taste Atlas, desbancando a gigantes como Colombia y México. Un reconocimiento que resuena con la fuerza de un buen bongó y que nos invita a explorar los secretos detrás de esta pequeña pero poderosa taza de café cubano.

Aunque la producción cafetalera cubana no alcanza las cifras de otros países latinoamericanos, la calidad y la singularidad de su proceso de elaboración lo han catapultado a la cima. No se trata solo del grano, cuidadosamente cultivado en las fértiles tierras de la isla, sino de la maestría con la que se tuesta, se muele y se prepara. La clave reside en el método tradicional, utilizando la icónica cafetera moka, un instrumento que se ha convertido en un elemento esencial en los hogares cubanos.

El secreto del café cubano, ese sabor intenso y dulce que lo distingue, radica en la adición de azúcar morena durante la preparación. No se trata simplemente de endulzar la bebida al final, sino de integrarla al proceso mismo, creando una espuma dorada y cremosa, conocida como "espumita", que corona la taza y aporta una textura aterciopelada al paladar. Este almíbar, que se forma al mezclar el café recién colado con el azúcar, es el sello distintivo del café cubano, una alquimia de sabores que ha conquistado a los paladares más exigentes.

Más allá del sabor, el café cubano es una experiencia sensorial completa. El aroma penetrante que emana de la cafetera moka, el sonido del burbujeo del café al colarse, la textura espesa y cremosa de la espumita, todo se combina para crear un momento de auténtico placer. Es una bebida que se disfruta lentamente, en pequeñas tazas, saboreando cada sorbo como si fuera un tesoro.

Este reconocimiento de Taste Atlas no solo celebra la calidad del café cubano, sino también la cultura que lo rodea. Desde el campesino que cultiva los granos hasta la abuela que prepara el café en casa con la misma dedicación de siempre, cada cubano es parte de esta tradición. El café se comparte en familia, con amigos, con vecinos, es el pretexto perfecto para una conversación, para una pausa en el día, para celebrar la vida.

Así que la próxima vez que disfrute de una taza de café cubano, recuerde que está degustando mucho más que una simple bebida. Está saboreando la historia, la cultura y la pasión de un pueblo que ha convertido el café en un arte, un símbolo de su identidad y un tesoro que comparte con el mundo. Un tesoro que, según Taste Atlas, es el mejor del mundo. Y no es para menos.

Fuente: El Heraldo de México