4 de mayo de 2025 a las 08:10
Canelo vs. Crawford: ¿El próximo combate?
La noche del sábado en Arabia Saudita, el rugido del público se apagó rápidamente. La esperada batalla entre Saúl "Canelo" Álvarez y William Scull, que prometía fuegos artificiales, se convirtió en un monólogo del mexicano. Scull, con el título de la Federación Internacional de Boxeo y su invicto en juego, optó por una estrategia desconcertante: la evasión. En lugar de intercambiar golpes con el poderío de Canelo, el cubano bailó alrededor del ring, priorizando la supervivencia sobre el espectáculo. Un fantasma recorrió el cuadrilátero, un fantasma llamado miedo.
Las palabras de Canelo tras la victoria resonaron con la frustración de miles de aficionados: "Por eso no quiero pelear con este tipo de peleadores, porque solo suben a sobrevivir". Una declaración que resume la decepción de una pelea que nunca fue. Scull, el retador que se suponía había buscado a Canelo durante años, se presentó con una actitud pasiva, limitándose a esquivar los embates del mexicano. El pobre recuento numérico de golpes, la evidente falta de agresividad, pintaron un cuadro de timidez pugilística que contrastó con la fiereza habitual del ring.
Recordemos que Canelo inicialmente se negó a enfrentar a Scull en 2024, argumentando que la pelea no le ofrecía ningún desafío. La Federación Internacional de Boxeo, en una decisión polémica, le arrebató el título a Álvarez y organizó una eliminatoria entre Scull y el ruso Vladimir Shishkin. La victoria de Scull obligó a Canelo a reconsiderar, aceptando el combate con el único objetivo de recuperar su cinturón.
La previa al encuentro estuvo marcada por las bravuconadas de Scull, quien prometió "comerse" al mexicano. Sin embargo, la realidad fue otra. Su estilo olímpico cubano, en lugar de ser una herramienta ofensiva, se convirtió en un escudo protector. Si bien lanzó casi el doble de golpes que Canelo (293 contra 157), su efectividad fue mínima, conectando apenas 55, una cifra irrisoria para una pelea de este calibre.
La noche en Arabia Saudita dejó un sabor amargo. La victoria de Canelo, aunque indiscutible, careció del brillo de sus grandes hazañas. Scull, lejos de ser el rival desafiante que se esperaba, se convirtió en una sombra, un actor secundario en la obra del campeón.
Ahora, la mirada de Canelo se fija en el horizonte, en un nuevo desafío, una verdadera prueba de fuego: Terence Crawford, el 12 de septiembre en Las Vegas. "Eso va a ser totalmente diferente", aseguró el mexicano. "Terence Crawford está en otro nivel". Una promesa que renueva la ilusión de los aficionados, la promesa de una batalla épica, una batalla que, a diferencia de la noche en Arabia Saudita, promete ser una verdadera guerra de titanes. El contraste entre la pasividad de Scull y la explosividad que se espera de Crawford, solo aumenta la expectativa. ¿Será capaz Canelo de superar este nuevo reto? El tiempo, y el ring, lo dirán.
Fuente: El Heraldo de México