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3 de mayo de 2025 a las 04:30
Tragedia familiar marca la vida de cantante de OV7
El silencio se cernía pesado en la habitación, un silencio roto solo por el susurro entrecortado de la respiración de Érika. Años después, el eco del metal retorcido y el olor acre del asfalto aún persisten en su memoria, fantasmas imborrables de una tragedia que le arrebató lo más preciado. Aquel viaje por la carretera, que prometía ser una aventura familiar, se transformó en una pesadilla en un instante. Un instante que partió su vida en dos, un antes y un después marcados por la ausencia. "Te acuerdas como entre sueños", susurra, su voz cargada de una tristeza que el tiempo no ha logrado mitigar. Esos sueños, fragmentos de recuerdos confusos y dolorosos, son las piezas de un rompecabezas que nunca podrá completar. La imagen de sus padres, borrosa por el impacto, se desvanece en la bruma del trauma.
La ironía cruel del destino la convirtió, sin quererlo, en la mensajera de su propia desgracia. En medio del caos, del dolor insoportable y la confusión, fue ella quien, con la mente nublada por el golpe, proporcionó los nombres que sellarían la noticia más devastadora para sus hermanas. Un acto reflejo, un acto involuntario que, con el paso del tiempo, se convertiría en una carga más que añadir al peso de su dolor.
Chilpancingo, el nombre de la ciudad, resonaba en su cabeza como una sentencia. Un lugar que, en vez de evocar paisajes pintorescos, se convertía en el escenario de su peor pesadilla. La precariedad del hospital local, la falta de recursos, la urgencia desesperada por salvar su vida… Cada detalle se grababa a fuego en su memoria, un recordatorio constante de la fragilidad de la existencia. Dieciséis pedazos, como si su propia pierna reflejara la fractura de su alma. Pero más allá de los huesos rotos, era la inflamación cerebral, la amenaza invisible, lo que realmente preocupaba a los médicos. La decisión de trasladarla a la Ciudad de México, una carrera contra el tiempo, una lucha por aferrarse a la vida.
El coma, un velo oscuro que la separó del mundo exterior. Un tiempo suspendido, un limbo entre la vida y la muerte donde las voces de sus seres queridos se convertían en ecos lejanos. La terapia intensiva, un espacio aséptico y frío, se convirtió en su prisión. Ni siquiera sus hermanas, sus confidentes, sus compañeras de vida, podían traspasar esa barrera. La imagen fugaz de la silla de ruedas, la sala de espera llena de rostros desconocidos que la saludaban, un espejismo en medio de la sedación, un recuerdo desconcertante que aún hoy intenta descifrar.
"Los extraño todavía", confiesa, su voz quebrada por la emoción. La ausencia de sus padres es una herida que nunca cicatrizará por completo. Un vacío que intenta llenar con los recuerdos, con la certeza de que, desde algún lugar, la guían y la protegen. Las bendiciones que ha recibido a lo largo de su vida, el esposo que la ama, la dicha de la maternidad, el éxito en su carrera… Todas estas alegrías, cree firmemente, son un legado de sus padres, un testimonio del amor incondicional que trasciende la muerte. Un amor que la impulsa a seguir adelante, a honrar su memoria con cada paso que da, con cada canción que canta. Un amor que, a pesar del dolor, la mantiene aferrada a la esperanza.
Fuente: El Heraldo de México