3 de mayo de 2025 a las 06:35
Experiencia cercana a la muerte de Héctor Suárez Gomís
Héctor Suárez Gomís, en una entrevista que resonará por mucho tiempo en la memoria de los oyentes de "La Caminera", nos regaló un testimonio estremecedor sobre su encuentro cara a cara con la muerte. Un episodio que comenzó con la angustiante experiencia de una fibrilación auricular, una condición que llevó a su corazón a latir a un ritmo desbocado de 221 pulsaciones por minuto. Imaginen, no un latido, sino una vibración frenética que amenazaba con silenciar para siempre el palpitar de su vida. En una pequeña sala de urgencias, mientras el personal médico luchaba contra reloj para estabilizarlo, Suárez Gomís experimentó algo que trasciende lo médico, lo científico, lo terrenal.
Su relato nos transporta a un escenario onírico, casi surrealista. Describe la sensación de desprenderse de su cuerpo físico, de flotar fuera de sí mismo, como si la conexión entre su ser y su envoltura carnal se hubiera desvanecido. En ese estado de incorporeidad, se encontró con un "halo de luz", una esfera radiante que emanaba una paz inimaginable, un portal hacia un plano existencial donde el sufrimiento y la angustia no tenían cabida.
Pero la experiencia no se detuvo allí. Impulsado por una fuerza desconocida, se acercó a lo que él denomina "la frontera", un umbral previo al mítico túnel de luz que muchos describen en experiencias cercanas a la muerte. Desde ese punto, contempló un espectáculo cósmico: trillones de luces interconectadas que representaban, según su comprensión, la red de vida que une a todos los seres del planeta. Al adentrarse en el túnel, la paz del halo de luz se intensificó, y una luz cegadora a la distancia lo llamaba hacia lo desconocido.
La revelación más profunda de su testimonio radica en la certeza que adquirió en ese estado: "La muerte no existe, tu conciencia sigue existiendo". Una afirmación contundente que transforma la percepción de la finitud. A pesar de la ausencia de su cuerpo físico, su conciencia permaneció intacta, convirtiéndose en el ancla que lo trajo de vuelta a la vida. El amor por su hija, ese lazo invisible pero poderoso, fue el impulso que lo hizo retornar a la frontera, a las luces interconectadas, a la realidad tangible.
Su regreso al cuerpo fue como un electroshock. Entre las personas que lo rodeaban, una figura en particular captó su atención: un anciano de baja estatura, calvo, con penetrantes ojos azules. Sin mediar palabras, una comunicación telepática se estableció entre ambos. El temor inicial de Suárez Gomís, la sensación de haber transgredido alguna ley universal, se disipó ante el mensaje tranquilizador del anciano: "Tranquilo, no venimos por ti, estamos aquí para cuidar a todos. Tu experiencia como Héctor todavía no termina".
La historia adquiere una dimensión aún más conmovedora cuando Suárez Gomís comparte su experiencia con su padre, el icónico Héctor Suárez. Para su sorpresa, su padre revela haber vivido una experiencia similar en su infancia, durante una grave enfermedad. La aparición del mismo anciano en ambos relatos no es una simple coincidencia, sino la confirmación de una conexión espiritual, una constante en la familia Suárez. Una presencia protectora que acompaña a padre e hijo en momentos cruciales, reforzando la idea de que la muerte no es un punto final, sino una transición.
El testimonio de Héctor Suárez Gomís nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la existencia, la conexión entre la vida y la muerte, y la trascendencia de la conciencia. Un relato que, sin duda, dejará una huella profunda en quienes se atrevan a escucharlo con el corazón abierto.
Fuente: El Heraldo de México