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3 de mayo de 2025 a las 09:15

El peor escenario se confirma

La promesa de una justicia renovada se desmorona ante la mirada atónita de la ciudadanía. La Reforma Judicial, tan anunciada como la panacea para los males que aquejan a nuestro sistema, se tambalea en un escenario de creciente desconfianza. Lejos de la transparencia y la rigurosidad que se esperaban, el proceso de selección de ministros, jueces y magistrados se ha visto empañado por sombras inquietantes, revelando fallas profundas que ponen en jaque la credibilidad de todo el sistema.

La presentación de cuatro quejas ante el INE contra 11 aspirantes, señalados por supuestos vínculos con el crimen organizado y sectas religiosas lideradas por figuras condenadas por abuso infantil, no es un hecho aislado. Es un síntoma alarmante de la deficiencia en los mecanismos de selección. Los Comités de Evaluación, encargados de escudriñar los perfiles de los candidatos, han demostrado una negligencia imperdonable. No se realizó un análisis exhaustivo de los antecedentes, no se verificaron las trayectorias, ni se evaluaron los valores éticos mínimos requeridos para tan alta responsabilidad. En resumen, se falló en la tarea fundamental de garantizar la probidad de quienes aspiran a impartir justicia.

Ante la inoperancia del Estado, la sociedad civil se ha visto obligada, una vez más, a asumir el rol de vigilante, investigando y denunciando lo que las instituciones debieron prever. La tibia respuesta de las autoridades, con reconocimientos tardíos de que "se colaron" perfiles indeseables, no hace más que confirmar la gravedad del problema. Estas declaraciones, lejos de enmendar la situación, evidencian la falta de rigor y la improvisación que han caracterizado todo el proceso.

El INE, en un papel limitado por la propia reforma, se erige como el último bastión de control. Sin embargo, su capacidad de acción se ve mermada al haber sido excluido de la conformación de los registros, una facultad que ahora concentra el Senado. Esta decisión debilita los contrapesos institucionales y abre la puerta a la influencia de intereses partidistas. El panorama que se vislumbra es desolador: una elección improvisada, con escasa participación ciudadana y una lista de candidatos con cuestionables antecedentes.

Las voces que advertían sobre los riesgos de una reforma judicial aprobada de manera precipitada se confirman con cada nueva revelación. La presencia de aspirantes con expedientes judiciales, vínculos delincuenciales y afiliaciones políticas cuestionables siembra la duda sobre la independencia del poder judicial. Todo indica que el partido en el poder ha logrado posicionar a sus cuadros, lo que sugiere un futuro donde la justicia podría estar supeditada a los designios del poder político.

La reforma judicial, en lugar de fortalecer el Estado de Derecho, corre el riesgo de convertirse en una herramienta de control político. Una oportunidad histórica desperdiciada por la opacidad, la negligencia y la simulación. La apatía ciudadana, reflejo de la decepción y la desconfianza, agrava aún más el panorama. ¿Qué futuro nos espera si la justicia, pilar fundamental de una sociedad democrática, queda en manos de quienes no merecen la confianza del pueblo? Es una pregunta que exige una respuesta urgente y contundente. El futuro de nuestra democracia está en juego.

Fuente: El Heraldo de México