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3 de mayo de 2025 a las 09:15

El misterio de la momia senatorial

La sombra del Fobaproa se extiende de nuevo sobre el escenario político mexicano, como un eco fantasmal de crisis pasadas. Resulta curioso, cuando menos, que este fantasma resurja justo ahora, tras años de letargo, coincidiendo con la crítica de Ernesto Zedillo a la Reforma Judicial y al discurso del actual gobierno. ¿Simple coincidencia? Difícil de creer. La memoria, selectiva y conveniente, parece activarse solo cuando los intereses políticos lo demandan.

Durante años, el silencio envolvió la figura de Zedillo. Una momia política, intocable en su exilio dorado, ajena a los dardos y reproches que tan comunes eran para otros actores del pasado neoliberal. Ni una mención, ni un susurro, ni una sombra de reproche durante el sexenio anterior. Pero he aquí que la momia despierta, y con ella, el recuerdo del "robo del siglo". Curiosa resurrección, ¿no es así? Como si la voz crítica de Zedillo hubiera desenterrado, no solo el fantasma del Fobaproa, sino también la necesidad de un chivo expiatorio.

Si el Fobaproa representó una herida tan profunda en el tejido económico del país, ¿por qué se ignoró durante tanto tiempo? ¿Por qué no se convirtió en la bandera de lucha contra el neoliberalismo durante la campaña presidencial anterior? La respuesta, quizá incómoda, reside en la conveniencia política. El Fobaproa dormía, porque no era útil. Ahora, despierta, porque sirve a un propósito: silenciar la disidencia.

La "Revolución de las Conciencias", ese concepto etéreo y grandilocuente, se presenta como un proceso continuo, una transformación incesante. Sin embargo, ¿no se asemeja más a una guerra de desgaste, donde el enemigo se redefine según la necesidad del momento? Hoy, el enemigo es Zedillo, y el Fobaproa, el arma arrojadiza.

La propuesta de una comisión parlamentaria para investigar lo ya investigado, lo escudriñado hasta la saciedad, resulta no solo redundante, sino sospechosamente oportunista. El Congreso no es un ministerio público, carece de la facultad para investigar personas. Se investiga a instituciones, y algunas de las relevantes en este caso, ya no existen. Son fantasmas que persiguen a otros fantasmas.

Este teatro político, esta danza macabra alrededor del Fobaproa, no busca la justicia, ni la verdad, ni la reparación del daño. Busca la obediencia, el silencio, la sumisión. Es una demostración de fuerza, un recordatorio de quién ostenta el poder. Un mensaje claro: "Critica, y desenterraremos tus fantasmas". Una estrategia tan vieja como la política misma, tan efectiva como lamentable. El Fobaproa, un fantasma útil para un presente convulso.

Fuente: El Heraldo de México