3 de mayo de 2025 a las 03:45
¡Alto a la violencia en el Metro!
La indignación se palpa en el aire del Metro. El eco de los gritos de las manifestantes aún resuena en los pasillos de la estación Hidalgo, Línea 2, tras la protesta llevada a cabo esta tarde. Cristales rotos, máquinas de recarga vandalizadas y paredes pintadas son el mudo testimonio de una rabia contenida que ha estallado. La chispa que encendió la mecha: la creciente ola de pinchazos con jeringas que se ha reportado en el sistema de transporte público, sembrando el miedo y la inseguridad, especialmente entre las mujeres.
No se trata de simples actos vandálicos, sino de una manifestación visceral, un grito desesperado ante la vulnerabilidad que sienten las usuarias del Metro. El temor a ser la próxima víctima, la incertidumbre sobre la sustancia inyectada, la impotencia ante la falta de respuestas concretas, se han traducido en una acción radical que busca, por encima de todo, visibilizar la problemática y exigir soluciones inmediatas. Las manifestantes, en su mayoría mujeres jóvenes, han dejado claro que no están dispuestas a tolerar más esta situación. “¡No somos piñatas para que nos piquen!”, se leía en una de las consignas pintadas en los muros de la estación.
Las autoridades capitalinas, por su parte, han informado que se han registrado más de 40 casos de personas que han sido víctimas de estos ataques con jeringas, presuntamente cargadas con algún tipo de somnífero. La modalidad, según los testimonios, se repite: los delincuentes aprovechan los momentos de mayor afluencia de pasajeros, la aglomeración en los andenes y vagones, para inyectar a sus víctimas y posteriormente despojarlas de sus pertenencias. Una estrategia cobarde que se alimenta del caos y la vulnerabilidad.
Si bien el Metro se ha convertido en el epicentro de estos ataques, no es el único escenario donde se han reportado casos similares. El Metrobús y el Pumabús también han sido señalados como puntos de riesgo, lo que amplía el espectro de la problemática y la necesidad de una respuesta integral por parte de las autoridades.
La promesa de reforzar la seguridad en el transporte público, aunque necesaria, no parece suficiente para calmar la angustia de las usuarias. Se exige una investigación exhaustiva que permita identificar y detener a los responsables, así como la implementación de medidas preventivas que garanticen la seguridad de los pasajeros. Cámaras de vigilancia, mayor presencia policial, campañas de concientización y protocolos de actuación ante posibles casos son algunas de las demandas que resuenan con fuerza en la conversación pública.
El miedo se ha instalado en el corazón del Metro. La protesta de esta tarde, aunque controvertida, es un llamado de atención que no puede ser ignorado. Es urgente que las autoridades tomen cartas en el asunto y brinden soluciones concretas para erradicar esta práctica delictiva y devolver la tranquilidad a los usuarios del transporte público. La seguridad, al final del día, es un derecho fundamental que no puede ser vulnerado. El Metro, como arteria vital de la ciudad, debe ser un espacio seguro para todos.
Fuente: El Heraldo de México