2 de mayo de 2025 a las 19:30
Tragedia: Claudia asesinada por su joven pareja.
La brutalidad del crimen ha conmocionado a la sociedad argentina. Claudia Sack, de 65 años, fue víctima de un feminicidio que ha dejado al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia machista. El presunto asesino, su pareja Franco Giménez, 30 años menor que ella, no solo le arrebató la vida de la manera más cruel imaginable, sino que intentó ocultar su acto con una frialdad que estremece. Quemar el cuerpo de Claudia y abandonarlo en una bolsa de basura junto a un contenedor, no solo demuestra la intención de desaparecerla físicamente, sino también de borrar su existencia, de negarle la dignidad que merece incluso en la muerte.
Este acto de barbarie no es un hecho aislado. Se enmarca en una preocupante cadena de feminicidios que azotan al país, recordándonos la urgente necesidad de implementar medidas más efectivas para proteger a las mujeres. La diferencia de edad entre la víctima y su victimario, lejos de ser un dato anecdótico, pone de manifiesto la asimetría de poder que a menudo existe en estas relaciones, donde la vulnerabilidad de la mujer se ve agravada por factores como la dependencia emocional o económica.
La actuación de la sobrina de Claudia fue crucial para el esclarecimiento del crimen. Su preocupación, su intuición y su valentía al enfrentarse a Giménez, permitieron que la verdad saliera a la luz. La actitud nerviosa del presunto asesino, la mentira sobre el viaje de Claudia a Córdoba y el hallazgo del celular de la víctima en su poder, fueron las piezas clave que desencadenaron la investigación policial. Imaginemos por un instante la angustia de esta sobrina, enfrentándose a la terrible sospecha de que algo malo le había ocurrido a su tía, y la determinación con la que buscó respuestas, a pesar del miedo y la incertidumbre.
El descubrimiento de los restos calcinados de Claudia junto al contenedor de basura es una imagen que difícilmente se borrará de la memoria colectiva. Es un recordatorio doloroso de la violencia extrema a la que están expuestas las mujeres y de la impunidad con la que algunos hombres creen poder actuar. La detención de Giménez en la estación de trenes de José C. Paz, mientras intentaba huir, es una pequeña victoria en la lucha contra la violencia de género, pero no es suficiente. La justicia debe actuar con celeridad y contundencia para que este crimen no quede impune y para enviar un mensaje claro a la sociedad: la violencia contra las mujeres no será tolerada.
Los antecedentes penales de Giménez, incluyendo una agresión a personal médico y una denuncia por violencia doméstica por parte de una expareja, dibujan el perfil de un hombre violento y reincidente. ¿Por qué no se tomaron medidas antes? ¿Cuántas veces las mujeres tienen que denunciar para ser escuchadas y protegidas? Estas son preguntas que resuenan con fuerza en la sociedad argentina y que exigen respuestas urgentes por parte de las autoridades. Es necesario fortalecer los mecanismos de protección para las víctimas de violencia de género, brindarles apoyo psicológico y legal, y garantizar que sus denuncias sean tomadas en serio.
El feminicidio de Claudia Sack no puede ser una noticia más. Debe ser un llamado a la reflexión y a la acción. Es imprescindible que como sociedad nos involucremos en la lucha contra la violencia de género, que eduquemos a las nuevas generaciones en el respeto y la igualdad, y que exijamos a las autoridades políticas la implementación de políticas públicas efectivas para erradicar este flagelo. No podemos permitir que más mujeres pierdan la vida a manos de la violencia machista. La memoria de Claudia Sack y de todas las víctimas de feminicidio nos obliga a seguir luchando por un futuro donde las mujeres puedan vivir libres y seguras.
Fuente: El Heraldo de México