2 de mayo de 2025 a las 18:40
Sheinbaum vs. Zedillo: Aguas Blancas
La memoria histórica, a menudo relegada a los polvorientos anaqueles del pasado, resurge con fuerza en el debate político actual. La proyección del documental sobre la masacre de Aguas Blancas, un evento que dejó una profunda cicatriz en la conciencia nacional, no es simplemente un recordatorio de la violencia que marcó la década de los 90, sino una pieza clave en el ajedrez político contemporáneo. La reaparición del expresidente Ernesto Zedillo, con sus críticas a la Cuarta Transformación, ha abierto la caja de Pandora de la historia, permitiendo una relectura de su propio mandato a la luz de eventos como Aguas Blancas. La respuesta de la Presidenta Claudia Sheinbaum, lejos de ser una simple reacción defensiva, se convierte en una invitación a la reflexión, especialmente para las nuevas generaciones que no vivieron esos episodios oscuros.
La pregunta que flota en el aire es: ¿qué significa el autoritarismo? ¿Se limita a la represión física, a la sangre derramada en Tlatelolco y Aguas Blancas? ¿O se extiende a otras formas de control, a la manipulación de la información, a la construcción de narrativas que silencian las voces disidentes? Sheinbaum lanza el guante al pueblo de México, instando a un ejercicio de memoria y análisis crítico. No se trata solo de recordar, sino de comprender las complejas redes de poder que operan en la sociedad, de identificar los mecanismos que perpetúan la desigualdad y la injusticia.
La Mañanera, convertida en un ágora virtual, se presenta como un espacio para la confrontación de ideas. La Presidenta defiende la libertad de expresión, el derecho a la información, la importancia de construir una visión propia del mundo. Sin embargo, la controversia persiste: ¿es la Mañanera un espacio verdaderamente plural, o se utiliza como una herramienta para difundir una narrativa oficial? ¿Se promueve la reflexión crítica, o se busca la adhesión incondicional a una línea política?
El debate sobre el autoritarismo trasciende las figuras de Zedillo y Sheinbaum. Se convierte en un espejo que refleja las tensiones y contradicciones de la sociedad mexicana. La memoria histórica, lejos de ser un lastre, se presenta como una herramienta indispensable para comprender el presente y construir un futuro más justo y democrático. La masacre de Aguas Blancas, la tragedia de Tlatelolco, no son meros episodios aislados, sino síntomas de un malestar profundo, de una herida que aún no ha cicatrizado por completo. La invitación a la reflexión, a la construcción de una memoria colectiva crítica, es un paso fundamental en el camino hacia la reconciliación y la transformación social. El reto para las nuevas generaciones es asumir la responsabilidad de conocer su historia, de analizarla con rigor, y de construir un futuro en el que la violencia y la represión sean solo un recuerdo lejano. La información, el debate, la memoria: estas son las armas con las que podemos combatir el autoritarismo en todas sus formas.
Fuente: El Heraldo de México