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2 de mayo de 2025 a las 14:50

Domina el arroz: Glucosa estable, sabor ideal

El arroz, un grano milenario que alimenta a miles de millones de personas en todo el mundo, especialmente en el continente asiático, donde forma la base de innumerables platos exquisitos. Su versatilidad en la cocina es indiscutible, desde acompañamiento perfecto para carnes y pescados hasta protagonista indiscutible en paellas, risottos y el aromático arroz con leche. Sin embargo, a pesar de su ubicuidad y aparente inocuidad, es crucial entender cómo su consumo puede impactar nuestra salud, especialmente en lo que respecta a los niveles de glucosa en sangre.

La ciencia nos ha revelado que no todo el arroz se crea igual, y que la forma en que lo preparamos y lo combinamos con otros alimentos puede marcar una diferencia significativa. Un estudio de la Universidad de Harvard, por ejemplo, arrojó luz sobre la relación entre el consumo excesivo de arroz blanco y el aumento del riesgo de diabetes tipo 2. Las personas que consumían grandes cantidades de arroz blanco, tres o cuatro porciones al día, presentaban un riesgo significativamente mayor de desarrollar esta enfermedad en comparación con aquellos que lo consumían con moderación. ¿La razón? El almidón presente en el arroz blanco se convierte rápidamente en glucosa durante la digestión, provocando picos en los niveles de azúcar en sangre. Esto obliga al páncreas a trabajar a marchas forzadas para producir suficiente insulina y regular estos picos, lo que a largo plazo puede llevar a una resistencia a la insulina y, eventualmente, a la diabetes.

Pero no hay que alarmarse. La clave reside en la moderación y en adoptar estrategias inteligentes para minimizar el impacto glucémico del arroz. Una de las técnicas más sencillas y efectivas es enfriar el arroz después de cocinado. Este simple paso aumenta la proporción de almidón resistente, un tipo de almidón que nuestro cuerpo no digiere completamente, lo que reduce su impacto en los niveles de glucosa. El almidón resistente actúa como una fibra, promoviendo la salud intestinal y contribuyendo a la sensación de saciedad.

Otra opción es optar por el arroz integral en lugar del blanco. El grano integral conserva la capa externa de salvado y el germen, ricos en fibra, vitaminas y minerales. Esta fibra ralentiza la absorción de la glucosa, evitando los picos bruscos y proporcionando una energía más sostenida. Además, el arroz integral ofrece un mayor valor nutricional y un sabor más intenso y complejo.

Finalmente, la combinación de arroz con otros alimentos también juega un papel fundamental. Incorporar vegetales ricos en fibra, como brócoli, espinacas o zanahorias, ayuda a regular la absorción de los carbohidratos. Añadir proteínas, como legumbres, pescado o pollo, y grasas saludables, como aguacate, frutos secos o aceite de oliva, contribuye a la saciedad y a una digestión más lenta y gradual.

En resumen, el arroz puede formar parte de una dieta saludable y equilibrada, siempre que se consuma con consciencia y se implementen estrategias para minimizar su impacto glucémico. La elección del tipo de arroz, la forma de cocinarlo y la combinación con otros alimentos son factores clave para disfrutar de este versátil grano sin comprometer nuestra salud. Informarse y tomar decisiones conscientes es la mejor manera de aprovechar los beneficios del arroz sin sufrir sus posibles consecuencias negativas. Así que, la próxima vez que prepares arroz, recuerda estos consejos y disfruta de una comida deliciosa y saludable.

Fuente: El Heraldo de México