3 de mayo de 2025 a las 00:00
De Repartidor a Campeón Mundial
La arena de Arabia Saudita se prepara para retumbar bajo el peso de la historia. No es solo un combate más, es el choque titánico entre un coloso consagrado y un aspirante hambriento de gloria. Saúl "Canelo" Álvarez, el ídolo mexicano, el portador de un legado forjado a base de golpes certeros y una voluntad inquebrantable, se enfrenta a William Scull, un enigma envuelto en la bandera cubana, un guerrero que busca escribir su nombre en letras de oro en los anales del boxeo.
Mucho se habla del peso que Canelo carga sobre sus hombros: el peso de las expectativas de un país, el peso de sus títulos mundiales, el peso de una carrera plagada de victorias. Pero este peso, lejos de aplastarlo, lo impulsa, lo convierte en una fuerza imparable. Sus 62 victorias, 2 empates y tan solo 2 derrotas, junto con sus 39 nocauts, son un testimonio de su poderío, un recordatorio constante de por qué es considerado uno de los mejores libra por libra. En esta ocasión, los cinturones de la WBA, WBC y WBO estarán en juego, un botín digno de una batalla épica.
Del otro lado del cuadrilátero, William Scull, el cubano residente en Alemania, se presenta como un lienzo en blanco para la mayoría. Su nombre no resuena con la misma fuerza que el de Canelo, pero en sus puños guarda una historia por contar, una historia de perseverancia y dedicación. Su invicto de 23-0, con 9 nocauts, es un presagio de la amenaza que representa. No es un cordero llevado al matadero, es un lobo con piel de oveja, listo para dar la sorpresa. Su estatura, su alcance y su estilo técnico son armas que podrían desequilibrar la balanza, factores que Canelo no puede subestimar.
La historia de Canelo es un ejemplo de superación, un relato que inspira a generaciones. Desde las calles de Guadalajara, Jalisco, donde vendía paletas para ayudar a su familia, hasta los brillantes escenarios internacionales, su camino ha sido una constante lucha. Influenciado por sus hermanos, encontró en el boxeo una vía de escape, una forma de forjar su destino. A los 13 años, comenzó a escribir su leyenda, a pulir su técnica, a alimentar su pasión.
A los 15 años, la decisión estaba tomada: el boxeo sería su vida. Abandonó los estudios para dedicarse por completo a su sueño. Las peleas a nivel nacional fueron el crisol donde se templó su espíritu, donde aprendió a lidiar con la presión, donde construyó los cimientos de su imperio.
Cada golpe que ha dado Canelo, cada gota de sudor derramada en el gimnasio, cada sacrificio realizado a lo largo de su carrera, lo han llevado a este momento. No se trata solo de defender sus títulos, se trata de reafirmar su legado, de demostrar que su hambre de triunfo sigue intacta. El mundo estará observando, esperando presenciar una batalla digna de ser recordada, un choque de titanes que dejará una huella imborrable en la historia del boxeo. ¿Podrá Scull dar la sorpresa? ¿O Canelo volverá a demostrar por qué es el rey indiscutible? La respuesta la tendremos en el ring, bajo las luces deslumbrantes de Arabia Saudita.
Fuente: El Heraldo de México