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2 de mayo de 2025 a las 17:25

Adiós varices: planta mexicana

Las várices, esas antiestéticas líneas azuladas que serpentean bajo la piel, son mucho más que un simple problema estético. Representan una afección crónica que afecta a una parte significativa de la población mexicana, en particular a las mujeres. Más allá de la apariencia, las varices pueden desencadenar una cascada de molestias, desde el dolor sordo y constante hasta la hinchazón persistente, pasando por la sensación de pesadez en las piernas que dificulta el día a día. En casos más severos, si se ignoran las señales de alerta, pueden surgir complicaciones que comprometen la salud.

El origen de este mal radica en un fallo en el sistema circulatorio, específicamente en las válvulas venosas. Estas pequeñas compuertas, encargadas de asegurar que la sangre fluya en una sola dirección, hacia el corazón, pueden debilitarse y perder su eficacia. Como resultado, la sangre se estanca, se acumula en las venas y provoca la inflamación característica de las varices.

A este problema de base se suman factores de riesgo que agravan la situación, como el sedentarismo, un estilo de vida que invita a la inmovilidad y dificulta el retorno venoso. La obesidad, con su carga adicional sobre el sistema circulatorio, también juega un papel importante. Asimismo, pasar largas jornadas de pie o sentado, sin movimiento, contribuye a la congestión venosa y a la aparición de las temidas varices.

Si bien la medicina moderna ofrece tratamientos para combatir esta afección, la sabiduría ancestral de México guarda secretos naturales que pueden complementar la atención médica. Uno de estos aliados se encuentra en la corteza de un árbol emblemático del sur del país: el cuachalalate.

Conocido científicamente como Amphipterygium adstringens, el cuachalalate ha sido utilizado por generaciones en la medicina tradicional mexicana para aliviar una amplia gama de dolencias. Sus propiedades antiinflamatorias, cicatrizantes, antioxidantes y, crucialmente, circulatorias, lo convierten en un recurso invaluable para quienes buscan un enfoque natural para el cuidado de su salud.

En el contexto de las varices, la corteza del cuachalalate se prepara en una infusión. Hervir la corteza en agua libera sus compuestos activos, creando una bebida que, ya sea caliente o fría, puede contribuir a mejorar el flujo sanguíneo, previniendo así la formación de nuevas varices y aliviando las molestias de las existentes. Se recomienda el consumo regular de este té de cuachalalate, siempre y cuando se consulte con un profesional de la salud, especialmente si se están siguiendo otros tratamientos.

Además de su uso interno, en algunas regiones de México se aplica la corteza de cuachalalate directamente sobre las zonas afectadas por las varices. Esta aplicación tópica busca aprovechar sus propiedades antiinflamatorias y estimulantes de la circulación local para reducir la hinchazón y aliviar la pesadez.

La versatilidad del cuachalalate se extiende más allá del tratamiento de las varices. La medicina tradicional lo ha empleado para abordar dolencias tan diversas como las úlceras bucales, el dolor de muelas, las infecciones renales, los cálculos biliares, los problemas hepáticos, la fiebre tifoidea, la malaria e incluso la diabetes.

Es importante recordar que, si bien los remedios naturales pueden ser un complemento valioso, siempre deben utilizarse bajo la supervisión de un profesional de la salud. La automedicación puede ser riesgosa y es fundamental obtener un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento adecuado para cada caso individual. El cuachalalate, como parte de un enfoque integral, puede ofrecer una alternativa natural para aliviar las molestias de las varices y promover el bienestar circulatorio.

Fuente: El Heraldo de México