1 de mayo de 2025 a las 09:20
¿Segunda? ¡Descubre la verdad!
La narrativa oficial, tejida con hilos de un pasado idealizado y un presente de supuestas victorias, intenta ocultar una realidad preocupante: la erosión sistemática de las bases que sostienen un país próspero. No se trata solo de la austeridad mal entendida, que confunde la humildad personal con la limitación de recursos para el desarrollo nacional. Hablamos de una visión miope que menosprecia la ciencia, la educación y la salud, pilares fundamentales para el progreso de cualquier nación.
El desmantelamiento del sistema de salud, ejemplificado en la tragedia de los niños fallecidos por enfermedades prevenibles, es la punta del iceberg. Es la manifestación palpable de una política pública que privilegia la ideología sobre la evidencia, las creencias sobre el conocimiento científico. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, enfermedades que creíamos erradicadas regresen con la fuerza de una epidemia? La respuesta es simple y dolorosa: la negligencia, la falta de inversión y el desprecio por la experiencia de los expertos.
La precariedad en la salud no es un hecho aislado. Se replica en la educación, con la creación de universidades que carecen de la infraestructura y el profesorado necesario para formar a las nuevas generaciones. Se reproduce en la infraestructura, con carreteras y edificios deteriorados que ponen en riesgo la vida de los ciudadanos. Se manifiesta en el abandono del campo, en la destrucción de nuestros recursos naturales, en la inseguridad que azota a comunidades enteras.
Ante esta realidad aplastante, el régimen se escuda en una estrategia de cuatro pilares: la demonización del pasado, la creación de una falsa ilusión de prosperidad a través de programas sociales clientelares, la polarización de la sociedad y la manipulación de la información. Se nos presenta una dicotomía simplista: o estás con nosotros, o estás contra el pueblo. Se nos invita a conformarnos con migajas, mientras se desmantela el futuro del país.
La próxima elección de juzgadores es un ejemplo más de esta farsa. Se nos promete un cambio, pero en realidad se busca consolidar un sistema que beneficie a unos pocos, a costa del bienestar colectivo. Es una apuesta por la mediocridad, por la sumisión, por el silencio cómplice ante la injusticia.
¿Cómo romper este círculo vicioso? La respuesta está en la ciudadanía informada, crítica y participativa. Debemos exigir cuentas, cuestionar las narrativas oficiales, buscar la verdad más allá de la propaganda. No podemos permitir que la ignorancia y el prejuicio sigan guiando el destino de nuestra nación. El futuro de México está en juego, y no podemos quedarnos de brazos cruzados. Es tiempo de alzar la voz, de defender nuestros derechos, de construir un país donde la educación, la salud y el progreso sean una realidad para todos, no un privilegio para unos cuantos.
La falsa promesa de una tierra prometida nos ha conducido a un desierto de carencias. Es hora de reconstruir el camino, de apostar por un futuro basado en la razón, la justicia y el bienestar común. El silencio es cómplice, la indiferencia es traición. El futuro de México depende de nosotros.
Fuente: El Heraldo de México