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1 de mayo de 2025 a las 10:35

Ortiz: Abstracción rupestre

Leonardo Ortiz, un artista mazatleco nacido en 1969, lleva la pintura en la sangre. Desde temprana edad, el arte fluía por sus venas, culminando en su primera exposición individual a la tierna edad de 16 años. A pesar de su pasión innata por la pintura, eligió el Diseño Gráfico como carrera universitaria, una disciplina que, en sus propias palabras, se "vinculaba mucho a la pintura artística puramente." Este camino dual, entre el diseño y la pintura, ha forjado en Ortiz una perspectiva única que se refleja en cada una de sus obras.

Su estilo, aunque figurativo, trasciende la mera representación de la realidad. Ortiz juega con la imagen, el color y la forma, invitando al espectador a un diálogo más profundo con la obra. Un ejemplo palpable de esta maestría es "A, reflejo del arte, ayer y hoy", una pieza de 90x120 cm creada especialmente para El Heraldo de México. En este lienzo, la letra "A" se convierte en un portal temporal, un puente que conecta las primigenias expresiones artísticas de las pinturas rupestres con la abstracción del arte contemporáneo. Ortiz, con trazos de acrílico, nos guía en un viaje visual a través de la historia del arte, recordándonos la constante evolución de la expresión humana.

Formado en grabado y dibujo en La Esmeralda, con la influencia de maestros como Armando Manríquez y Emilio Galindo, Ortiz divide su vida entre la Ciudad de México y Baja California Sur. Reconoce la huella imborrable de sus mentores, afirmando que "todos van dejando algo y uno va tratando de aprenderles siempre." Sus primeras obras, paisajes tradicionales mexicanos, dieron paso a una temática recurrente en su arte: el mar.

El mar, un elemento omnipresente en la vida de Ortiz, se convierte en fuente inagotable de inspiración. "Nací en el mar, viví en el mar mucho tiempo", confiesa el artista. Este vínculo visceral se traduce en homenajes a la vida marina, a los pescadores que se enfrentan a la inmensidad del océano, a la flora y fauna que habitan sus profundidades. El mar, en la obra de Ortiz, no es solo un paisaje, sino un universo de experiencias, historias y vivencias.

En su constante búsqueda por innovar, Ortiz experimenta con diversas técnicas, saltando del óleo a la acuarela, del acrílico al grabado. Su estilo figurativo se enriquece con pinceladas de surrealismo, fantasía y un colorismo vibrante. "Siempre está esa búsqueda", admite, "incluir nuevos elementos al figurativismo puro". Esta fusión de corrientes crea un lenguaje visual único, una marca distintiva que busca la identificación inmediata con su obra.

Actualmente, Ortiz se encuentra inmerso en el estudio de la acuarela en el Museo de la Acuarela de Coyoacán, preparando una nueva serie inspirada en las pinturas rupestres de Baja California Sur. Este proyecto, que verá la luz a finales de año, presenta un desafío particular: la escasez de información sobre estas manifestaciones artísticas milenarias. "Paradójicamente, como son tan antiguas, no hay mucha información", explica Ortiz. Esta falta de datos históricos abre un espacio para la interpretación, un lienzo en blanco donde el artista puede plasmar su visión personal, aportando una nueva dimensión a la comprensión de estas ancestrales expresiones artísticas. Su interpretación, si bien prioriza lo artístico, dialoga inevitablemente con las perspectivas antropológicas e históricas, enriqueciendo el discurso en torno a estas enigmáticas obras del pasado.

Fuente: El Heraldo de México