Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Feminicidio

1 de mayo de 2025 a las 03:35

Justicia para la activista mixe

El eco de la indignación resuena en Oaxaca. “¡No llegamos todas, nos falta Sandra!”, un grito desgarrador que se clava como una espina en la conciencia colectiva. Siete meses de angustia, siete meses de incertidumbre, siete meses de una búsqueda incansable que ha culminado en la tragedia. Sandra Domínguez, la abogada y activista mixe, ya no está con nosotras. Su voz, que se alzó valiente contra la injusticia, ha sido silenciada por la violencia. Su cuerpo, junto al de su esposo Alexander Hernández, fue encontrado sin vida en el rancho “La Ceiba”, en el estado de Veracruz. La noticia, un mazazo para quienes la conocieron y admiraron, ha teñido de luto a Oaxaca y ha reavivado la llama de la lucha contra la violencia de género.

El dolor es palpable en cada rostro que acompaña el cortejo fúnebre. Familiares, amigos, defensoras de mujeres, compañeros de profesión… todos unidos en un último adiós a Sandra, la mujer que se atrevió a denunciar la podredumbre, la existencia de chats con contenido sexual donde funcionarios denigraban el cuerpo de las mujeres indígenas. Una denuncia valiente, una denuncia necesaria, que hoy cobra una dimensión aún más trágica. La caravana avanza lenta, pesada, hacia San Pedro Ixtlahuaca, a escasos 20 minutos de la capital, donde Sandra encontrará su descanso final. Las consignas de justicia se entremezclan con el llanto, con la rabia contenida, con la promesa de no olvidar, de no claudicar en la búsqueda de la verdad.

En la velación, el recuerdo de Sandra cobra vida en las palabras de quienes la amaron. Yésica Sánchez, abogada y compañera de lucha, destaca su dinamismo, su entrega incansable por la defensa de las mujeres, su valentía al enfrentarse a un sistema que a menudo silencia las voces disidentes. Kenia Domínguez, su hermana, con la voz quebrada por la emoción, lee la semblanza escrita por la periodista Soledad Jarquín, un retrato íntimo de la mujer que se escondía detrás de la activista, de la hija, de la hermana, de la amiga. Aracely Martínez, su madre, con el corazón destrozado, recuerda con orgullo la labor de su hija, su compromiso con la justicia, su lucha incansable por un mundo mejor. Una manta morada, símbolo de la lucha feminista, cubre el féretro, un último abrazo simbólico a la mujer que dedicó su vida a defender los derechos de las demás.

La imagen de Naomi, su hija, con una bengala morada en la mano y una pancarta con la foto de su madre, es un puñal en el alma. La inocencia frente al horror, la pérdida irreparable, el futuro truncado. En la calle, una manta con las palabras “Oaxaca Feminicida” es un grito silencioso, una acusación directa a la impunidad que permite que mujeres como Sandra sean arrebatadas de nuestras vidas. La Fiscalía del Estado confirma que ambos cuerpos presentaban disparos de arma de fuego. Un dato frío, deshumanizado, que no hace justicia a la vida que les fue arrebatada.

La muerte de Sandra Domínguez no debe quedar impune. Es un llamado a la acción, una obligación moral de exigir justicia, de construir un Oaxaca, un México, donde las mujeres puedan vivir libres de violencia. Su legado de lucha, de valentía, de compromiso, debe ser la semilla que germine en un futuro donde la voz de las mujeres sea escuchada, respetada y protegida. No olvidemos su nombre, no olvidemos su lucha. ¡No llegamos todas, nos falta Sandra! Pero su memoria nos acompañará en el camino hacia la justicia.

Fuente: El Heraldo de México