1 de mayo de 2025 a las 09:30
Judge 🔥: .427 de promedio
El béisbol es un deporte de rachas, dicen los que saben, un sube y baja constante donde la gloria y la frustración se entrelazan en un vals interminable. Sin embargo, lo que Aaron Judge está haciendo en este inicio de temporada desafía esa lógica, transciende la mera racha y se instala en el territorio de lo excepcional. Sus números, imponentes, nos obligan a preguntarnos si estamos presenciando el nacimiento de una leyenda, si el "Juez" está escribiendo con letras doradas un nuevo capítulo en la historia de los Yankees y de la MLB.
No se trata solo de los jonrones, aunque diez vuelacercas en apenas 31 juegos son una cifra que habla por sí sola, un rugido que resuena en cada estadio. Es la consistencia, la calma imperturbable en la caja de bateo, la mirada fija en el lanzador, la precisión quirúrgica con la que conecta cada lanzamiento. Judge ha descifrado el enigma del pitcheo, ha dominado la zona de strike con una maestría que asombra a propios y extraños. Antes, la potencia bruta se combinaba con una cierta tendencia al ponche, una furia descontrolada que a veces le jugaba en contra. Ahora, la potencia se ha afinado, se ha convertido en una herramienta precisa, letal, capaz de pulverizar cualquier lanzamiento que ose acercarse a la zona de peligro.
Ese promedio de .427, una cifra que parece extraída de un videojuego, ilumina la magnitud de su hazaña. Imaginen, conectar de hit en más de cuatro de cada diez turnos al bate. Una proeza que desafía las leyes de la probabilidad, que nos obliga a revisar los libros de historia para encontrar parangones. En un deporte donde la media ronda los .250, donde un .300 ya se considera excepcional, Judge se eleva por encima de la mediocridad, se instala en un Olimpo reservado para los dioses del bateo.
¿Podrá mantener este ritmo infernal durante toda la temporada? La pregunta flota en el aire, impregnada de incertidumbre y esperanza. 131 juegos es un maratón, una prueba de resistencia física y mental que pondrá a prueba incluso al más talentoso de los peloteros. Las lesiones, la fatiga, la inevitable variabilidad del béisbol, son fantasmas que acechan en cada turno al bate. Pero si Judge logra mantenerse cerca de ese nivel estratosférico, si al final de septiembre su promedio sigue desafiando la lógica, estaremos hablando de una temporada histórica, de un hito que resonará por generaciones.
Y es que Judge no solo es un bateador excepcional, es el capitán de los Yankees, el líder de la franquicia más emblemática del béisbol. Lleva sobre sus hombros el peso de una historia gloriosa, la responsabilidad de guiar a su equipo hacia la anhelada Serie Mundial. Tiene el carisma, la entrega, la pasión que se espera de un Yankee. Solo le falta el anillo, la joya que coronaría su carrera, que lo consagraría definitivamente como una leyenda. Y si el béisbol es justo, si los dioses del diamante escuchan nuestras plegarias, ese anillo llegará, tarde o temprano, para completar la obra maestra de Aaron Judge.
Fuente: El Heraldo de México