1 de mayo de 2025 a las 07:25
Incendio en Jalisco deja 15 heridos
El estruendo resonó en la tarde tapatía como un macabro presagio. Cerca de las 17:00 horas, el corazón de la Zona Industrial El Álamo, en la frontera difusa entre Tlaquepaque y Guadalajara, se convirtió en un infierno de llamas y humo. Una fábrica de aerosoles, ubicada en el cruce de Juan de la Barrera y Rivera, fue el epicentro de una tragedia que se extendió rápidamente, devorando naves industriales vecinas como un voraz depredador. La imagen apocalíptica de las llamas ascendiendo al cielo, oscureciendo el horizonte con una densa columna negra, quedó grabada en la retina de los testigos.
El pánico se apoderó de la zona. Más de 350 elementos de los cuerpos de emergencia de la Zona Metropolitana de Guadalajara, verdaderos héroes anónimos, se movilizaron en una carrera contra el tiempo. Su misión: controlar el voraz incendio y rescatar a las personas atrapadas en medio del caos. Las sirenas de las ambulancias y los camiones de bomberos rompían el silencio de la tarde, una sinfonía de urgencia y desesperación.
Luis Enrique Mederos, director de Protección Civil y Bomberos de San Pedro Tlaquepaque, confirmó la gravedad de la situación: quince personas rescatadas, cuatro de ellas luchando por su vida en estado grave. El aire se volvía irrespirable, cargado con el olor acre de los químicos y el humo. Las explosiones, al menos diez según los primeros reportes, sacudían la tierra como un recordatorio constante del peligro latente. Seis tanques, repletos de solventes y aceites, se desfogaban en una lucha desesperada por contener la catástrofe.
A las 19:00 horas, un atisbo de esperanza: el avance en el combate del fuego alcanzaba el 90%. Pero la tregua fue efímera. Una nueva explosión, un segundo foco de incendio en Patria y Juan de la Barrera, reavivó el temor. La lucha contra el fuego se convertía en una batalla titánica, un pulso entre la fuerza destructora del incendio y la valentía de los bomberos.
La alcaldesa de Tlaquepaque, Laura Imelda Pérez, con rostro serio y voz firme, informaba a la angustiada ciudadanía. Tres fábricas afectadas, tanques de nitrógeno retirados con sumo cuidado para evitar una tragedia mayor. La zona, acordonada, se convertía en un hormiguero de paramédicos, bomberos y personal de emergencia. La solidaridad tapatía no se hizo esperar. El ayuntamiento de Tlaquepaque habilitó un albergue para los vecinos desplazados por el siniestro, un refugio ante la incertidumbre.
La noticia de un trabajador con el 38% de su cuerpo quemado, con lesiones de primero y segundo grado, golpeó con fuerza. La imagen de su dolor, un recordatorio del costo humano de la tragedia. A las 19:00 horas, la Emergencia Atmosférica se decretaba en Tlaquepaque y Guadalajara, extendiéndose a colonias como Fraccionamiento Revolución, Las Huertas, San Miguel, La Nogalera, El Álamo Industrial y Miravalle. Una nube tóxica amenazaba la salud de miles de personas.
Si bien la fábrica de aerosoles se ubicaba en Guadalajara, la alcaldesa de Tlaquepaque, Laura Imelda Pérez, anunció una revisión exhaustiva de los permisos de seguridad de las industrias en la zona. La tragedia ponía en evidencia la necesidad de una mayor regulación y control, un llamado a la responsabilidad para evitar que una situación similar se repita. La pregunta resonaba en el aire: ¿cuántas tragedias más serán necesarias para que la seguridad industrial deje de ser una asignatura pendiente?
Fuente: El Heraldo de México