1 de mayo de 2025 a las 03:20
Empresario ligado a diputada, acusado de abuso en Zimapán.
La sombra de la impunidad se cierne sobre Zimapán. Seis órdenes de aprehensión, una diputada con licencia y un clamor por justicia que resuena en las calles. El caso de presunto abuso sexual contra menores de edad ha sacudido los cimientos de la comunidad, dejando una estela de interrogantes y una profunda herida en la confianza de la ciudadanía. El gobernador Menchaca, con la firmeza que exige la situación, ha asegurado que no habrá cabida para la impunidad. Sus palabras, aunque medidas, transmiten la determinación de un gobierno que se compromete a esclarecer los hechos y llevar a los responsables ante la justicia.
Sin embargo, la incertidumbre persiste. La diputada Alhely Medina, envuelta en la polémica, ha solicitado una licencia temporal, alimentando las sospechas y generando un torbellino de especulaciones. ¿Es una estrategia para evadir la justicia? ¿O simplemente una medida para proteger su imagen mientras se desarrolla la investigación? El tiempo, y el debido proceso, serán los encargados de desvelar la verdad.
Mientras tanto, la presión social aumenta. Las protestas de los transportistas, el desgarrador testimonio de las familias de las víctimas y el silencio de la Comisión de Derechos Humanos, conforman un escenario complejo y doloroso. La figura de Willy “N”, ex proveedor del gobierno estatal y cuñado de la diputada, se dibuja como el epicentro de la tormenta. Las acusaciones de tráfico de influencias y la presunta utilización de sus conexiones para eludir la justicia, añaden un componente aún más turbio al caso.
La ciudadanía de Zimapán, indignada y dolida, exige respuestas. No se trata solo de castigar a los culpables, sino de enviar un mensaje claro: la justicia no puede ser negociada, ni manipulada por el poder. La protección de los menores de edad debe ser una prioridad inquebrantable, y la impunidad, una lacra que debe ser erradicada de raíz. Este caso, sin duda, marcará un precedente en la lucha contra el abuso sexual y la corrupción en el estado de Hidalgo. ¿Será el inicio de un cambio real? ¿O se convertirá en otro ejemplo de la impunidad que tanto daño ha causado a nuestra sociedad? La respuesta, está en manos de las autoridades y en la presión constante de una sociedad que exige justicia.
Más allá de las declaraciones oficiales y las especulaciones mediáticas, se encuentran las víctimas, dos menores de edad que han visto su inocencia vulnerada. Su dolor, silenciado por el miedo y la complejidad del proceso judicial, clama por ser escuchado. Es su futuro, y el futuro de tantos otros niños y niñas, lo que está en juego. Por ellos, y por una sociedad más justa, la verdad debe prevalecer. La justicia, aunque a veces lenta, debe ser implacable. Zimapán, y todo el estado de Hidalgo, espera con ansias el desenlace de este caso, con la esperanza de que sirva como un punto de inflexión en la lucha contra la impunidad y la protección de los más vulnerables. El camino hacia la justicia es largo y tortuoso, pero la sociedad, unida en su indignación, no debe claudicar en su búsqueda.
Fuente: El Heraldo de México