1 de mayo de 2025 a las 04:25
Descubre el tesoro oculto del Centro Histórico en Edomex
Imaginen una Ciudad de México sedienta, nutrida por venas de piedra que serpenteaban desde los manantiales hasta el corazón urbano. Acueductos imponentes, testigos silenciosos del crecimiento de la capital, transportando el elixir vital desde las entrañas de la tierra hasta las casas de sus habitantes. Hoy, solo quedan vestigios de estas magníficas obras hidráulicas, susurros de un pasado en el que el agua fluía con la misma libertad que las historias que se contaban a su sombra.
Uno de estos ecos del pasado es la fuente de Chapultepec, un recuerdo tangible de un acueducto que saciaba la sed de la ciudad allá por 1582. Imaginen el murmullo constante del agua recorriendo los arcos que se extendían desde el cerro hasta el bullicioso mercado de San Juan, una melodía acuática que acompañaba el día a día de los habitantes. Ahora, solo algunos de estos arcos permanecen en pie, como guardianes de la memoria, a lo largo de la avenida Chapultepec, recordándonos la grandeza de la ingeniería novohispana.
En el cruce de esta avenida con el Eje Central, donde el ritmo de la ciudad moderna palpita con fuerza, se alza una fuente que parece desafiar el paso del tiempo: la fuente del Salto del Agua. Una obra maestra del barroco, concebida por la mente brillante de Ignacio Castera, el mismo arquitecto que dio vida al templo y convento de Capuchinas en la Villa de Guadalupe. Su diseño, una fusión armoniosa de elementos españoles e indígenas, nos transporta a un periodo de transición artística, donde el barroco, en su ocaso, cedía el paso a la sobriedad del neoclasicismo.
Admirar la fuente es admirar la historia misma. Sus esculturas, de las que antaño brotaba el agua cristalina, las columnas salomónicas que se alzan con majestuosidad y el escudo de armas de la ciudad, tallado con precisión en la piedra, nos narran una época de esplendor y de ingenio. Sin embargo, hay un secreto que se esconde a plena vista: la fuente que contemplamos hoy es una réplica. La original, preservada del implacable paso del tiempo, reside en el Museo Nacional del Virreinato, en Tepotzotlán, Estado de México.
La fuente original, víctima de la contaminación y la inclemencia del tiempo, fue trasladada en 1945 para su protección. Su cantera, erosionada por la lluvia y el aire contaminado, amenazaba con borrar los detalles minuciosos que la convertían en una joya arquitectónica. Tres años después, una réplica fiel, obra del arquitecto Guillermo Ruíz, ocupó su lugar, permitiendo a los transeúntes seguir admirando la belleza del diseño de Castera.
El Museo Nacional del Virreinato, inaugurado en 1964 en el antiguo colegio de San Francisco Javier, no solo alberga la fuente original del Salto del Agua, sino también un tesoro invaluable de la época virreinal. Pintura, escultura, platería, cerámica, textiles… Un viaje en el tiempo a través de objetos que nos hablan de la vida cotidiana, las creencias y el arte de un periodo fascinante de la historia de México.
Así que, la próxima vez que circulen por el Eje Central y se encuentren con la fuente del Salto del Agua, recuerden que están ante un eco del pasado, una réplica que nos invita a descubrir la historia completa. Una historia que nos espera en Tepotzotlán, en el Museo Nacional del Virreinato, donde la fuente original, rodeada de las maravillas del arte virreinal, nos susurra los secretos de una ciudad que creció a la sombra de sus acueductos.
Fuente: El Heraldo de México