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1 de mayo de 2025 a las 03:05

Deportados: ¿A dónde irán los indeseables?

La sombra de la deportación masiva se cierne sobre miles de inmigrantes en Estados Unidos, mientras la administración Trump intensifica sus esfuerzos por encontrar países dispuestos a aceptar deportados, en lo que se perfila como una expansión drástica de sus políticas migratorias. El anuncio del Secretario de Estado, Marco Rubio, ha encendido las alarmas entre organizaciones de derechos humanos y ha generado un intenso debate sobre la legalidad y la ética de estas medidas. La búsqueda de "socios internacionales" para albergar a deportados, muchos de ellos con antecedentes penales, plantea interrogantes inquietantes sobre las condiciones a las que se enfrentarán estas personas en países a menudo con sistemas judiciales frágiles y altos índices de violencia. El énfasis en la distancia –"cuanto más lejos de Estados Unidos, mejor", en palabras del propio Rubio– sugiere una estrategia de "ojos que no ven, corazón que no siente", priorizando la expulsión a cualquier costo sobre el bienestar de los deportados.

La experiencia del grupo de venezolanos deportados a El Salvador en marzo, presuntamente miembros de la pandilla Tren de Aragua, sirve como un sombrío presagio de lo que podría deparar el futuro a otros deportados. Las denuncias de falta de debido proceso, la inclusión de personas sin antecedentes penales en la deportación y las duras condiciones de la megaprisión salvadoreña pintan un panorama preocupante. La justificación de Rubio, centrada en la seguridad de Estados Unidos y la eliminación de "pervertidos, pedófilos y violadores de niños", no solo simplifica una realidad compleja, sino que también alimenta un discurso de miedo y estigmatización que deshumaniza a los inmigrantes.

El caso de Kilmar Abrego García, el salvadoreño deportado erróneamente a pesar de una orden judicial que lo protegía, se erige como un símbolo de la vulnerabilidad de los inmigrantes frente a la maquinaria de deportación. La negativa de Rubio a comentar sobre el caso, sumado a la resistencia del Presidente Trump y del Presidente Bukele a cumplir con la orden de la Corte Suprema para su regreso, revela un profundo desprecio por el estado de derecho y la separación de poderes. La declaración de Rubio: "Nunca te diría eso. ¿Y sabes a quién más no se lo diría? A un juez", es una muestra alarmante de la actitud desafiante de la administración hacia el sistema judicial.

La contradicción entre las declaraciones públicas de Trump y sus acciones en el caso de Abrego García, así como su insistencia en la veracidad de una imagen manipulada que mostraba tatuajes de la MS-13 en los nudillos del salvadoreño, añade otra capa de confusión y controversia a la situación. Estas inconsistencias, junto con la reacción de molestia del presidente ante el señalamiento del periodista sobre la manipulación de la imagen, generan dudas sobre la transparencia y la veracidad de la información que maneja la administración en estos casos.

La expansión del programa de deportación masiva plantea preguntas cruciales sobre el futuro de la política migratoria de Estados Unidos. ¿Qué garantías existen para asegurar el debido proceso y el respeto a los derechos humanos de los deportados? ¿Qué responsabilidad tienen los países receptores en la protección de estas personas? ¿Cómo se abordará la problemática de la separación familiar y el impacto en las comunidades de origen? Estas son preguntas que exigen respuestas urgentes, mientras la sombra de la deportación se extiende sobre un número cada vez mayor de inmigrantes.

Fuente: El Heraldo de México