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1 de mayo de 2025 a las 09:30

De Dónde Vienes, Hacia Dónde Vas

La desigualdad en México, una herida abierta que se manifiesta desde la más tierna infancia, exige una respuesta contundente y urgente. Las cifras, como fríos testimonios, nos revelan una realidad lacerante: casi la mitad de los menores de seis años sumidos en la pobreza, una sombra que amenaza con truncar sus sueños y oportunidades. Imaginemos, por un instante, la angustia de esas familias, la lucha diaria por la supervivencia, la incertidumbre que nubla el futuro de sus hijos. ¿Cómo podemos, como sociedad, permanecer impasibles ante este escenario?

La falta de acceso a servicios básicos de salud, la desnutrición, la anemia, son flagelos que marcan a fuego la vida de estos pequeños, condenándolos a un presente precario y a un futuro incierto. Más de siete millones de niñas y niños sin seguridad social, una cifra que nos interpela y nos exige una profunda reflexión. ¿Es esta la sociedad que queremos construir, una sociedad que da la espalda a sus miembros más vulnerables?

La educación, ese motor de progreso y transformación social, también se convierte en un privilegio inalcanzable para muchos. Millones de niños y niñas sin acceso a la educación preescolar, privados de la oportunidad de desarrollar su potencial, de construir un futuro digno. Esta brecha educativa no solo perpetúa la desigualdad, sino que también hipoteca el desarrollo del país.

El análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) pone el dedo en la llaga al señalar los rezagos en la inversión pública destinada a la primera infancia. La concentración del presupuesto en instituciones de seguridad social deja desprotegido a un vasto sector de la población que se desenvuelve en la economía informal, agudizando aún más la desigualdad.

Es imperativo, por tanto, un cambio de paradigma, una reorientación de las políticas públicas que priorice la atención a la primera infancia. No se trata solo de aumentar el presupuesto, sino de invertirlo de manera eficiente, asegurando que llegue a quienes más lo necesitan. Debemos trascender el discurso y traducir las buenas intenciones en acciones concretas, en programas que garanticen el acceso universal a servicios de calidad.

El Anexo Transversal 18, orientado a la atención de niñas, niños y adolescentes, representa una herramienta valiosa para evaluar el compromiso del Estado mexicano con la infancia. Es fundamental que este mecanismo se utilice de manera efectiva, que se realice un seguimiento exhaustivo de los recursos asignados y que se rindan cuentas de los resultados obtenidos.

La primera infancia es la base sobre la que se construye el futuro de una nación. Invertir en ella es invertir en el desarrollo humano, en la justicia social, en un futuro más próspero e igualitario. No podemos seguir postergando esta tarea, no podemos permitir que la desigualdad siga marcando el destino de nuestros niños y niñas. Es hora de actuar, de asumir nuestra responsabilidad como sociedad y construir un México donde todos tengan la oportunidad de alcanzar su pleno potencial. El futuro, sin duda, nos lo agradecerá.

Fuente: El Heraldo de México