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1 de mayo de 2025 a las 05:30

¡Atención! Niñez mexicana en riesgo.

La etapa que va desde el nacimiento hasta los ocho años, conocida como la primera infancia, es un período crucial en el desarrollo humano. Imaginen un árbol joven, sus raíces extendiéndose con avidez, buscando nutrientes para crecer fuerte y alto. De la misma manera, el cerebro de un niño en esta etapa se encuentra en un proceso de desarrollo acelerado, absorbiendo información y experiencias que moldearán su futuro. Es en este periodo donde se sientan las bases para el aprendizaje, el comportamiento y la salud a lo largo de la vida.

La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 revela una preocupante realidad en México: un 53.9% de niñas y niños en la primera infancia no asiste a educación inicial o preescolar. Aún más alarmante es el hecho de que un 42.7% de la población no considera importante la asistencia a estos espacios. Esta cifra nos invita a reflexionar sobre la percepción que tenemos como sociedad acerca de la importancia de la educación temprana. ¿Estamos subestimando el poder transformador de estos primeros años?

Más allá de la alimentación e higiene, que son necesidades básicas, los cuidados en la primera infancia abarcan un espectro mucho más amplio. El cuidado emocional y social, la creación de un ambiente seguro y afectuoso, la estimulación temprana, son pilares fundamentales para el desarrollo integral a largo plazo. Un niño que se siente amado, seguro y estimulado, desarrolla una mayor confianza en sí mismo y en el mundo que lo rodea, lo que le permitirá afrontar los retos futuros con mayor resiliencia.

La Dra. Cynthia Vega, Directora de Relaciones Médicas de PiSA Farmacéutica, señala la preocupante situación de millones de niños y niñas en México que no reciben la nutrición ni la atención en salud necesarias, lo que limita su capacidad de aprendizaje y desarrollo. Imaginemos una planta a la que se le niega el agua y la luz solar. Difícilmente podrá crecer y florecer. De igual manera, un niño que carece de una nutrición adecuada y atención médica, no podrá desarrollar todo su potencial.

La educación preescolar no se trata simplemente de aprender las letras y los números. Es un espacio donde se desarrollan habilidades socioemocionales cruciales para la vida en comunidad. Niñas y niños aprenden a compartir, a colaborar, a resolver conflictos de manera pacífica, a expresar sus emociones y a comprender las de los demás. Estas habilidades son la base para construir relaciones sanas y para una participación activa y constructiva en la sociedad.

Los datos son contundentes: el 18% de los menores entre 3 y 5 años en México muestra un desarrollo inadecuado para su edad, y más del 75% presenta rezago en alfabetización y conocimientos numéricos. Estas cifras nos urgen a actuar, a invertir en la primera infancia, a comprender que sembrar en estos primeros años es cosechar un futuro mejor para todos. No podemos permitir que la falta de oportunidades en la primera infancia condene a las futuras generaciones a la pobreza, la violencia y la inequidad.

La primera infancia es una ventana de oportunidad que no podemos dejar pasar. Es una inversión en el futuro, una apuesta por una sociedad más justa, equitativa y próspera. El llamado es a la acción, a la concientización, a la creación de políticas públicas que garanticen a todos los niños y niñas el derecho a un desarrollo pleno en sus primeros años de vida. La Dra. Vega lo resume a la perfección: "La primera infancia representa una ventana de oportunidad única para moldear el futuro de niñas y niños. Es un momento decisivo para garantizarles un desarrollo pleno”.

Fuente: El Heraldo de México