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30 de abril de 2025 a las 09:20

Protege a nuestras niñas, protege nuestro futuro.

La imagen persiste: una niña con una diadema azul de terciopelo, la misma de todos los días, balanceando los pies en un parque. A su lado, una presencia constante, un helado en la mano, una mano extendida para sostener la suya cuando la vulnerabilidad, su compañera casi inseparable, la abruma. El Día del Niño y la Niña nos invita a reflexionar sobre esa niña interior, la que llevamos dentro, la del cabello familiar y la mirada conocida. Un viaje a la memoria, a veces dulce, a veces agridulce, a veces doloroso. Esos recuerdos, esas experiencias tempranas, a menudo moldean, sin que nos demos cuenta, las decisiones que tomamos en el presente.

No pretendo adentrarme en el terreno de la psicología, pero sí anhelo tejer una red de deseos para todas las niñas de México, para la tuya, para la mía, para esa que aún nos mira desde el espejo del pasado, esperando un abrazo.

Deseo, con todo mi ser, que cada niña mexicana viva segura, especialmente en su propio hogar, ese santuario que debería ser inviolable. Que la oscuridad de la noche, las calles mal iluminadas, los baños de la escuela convertidos en refugios forzados, no sean escenarios de miedo. Que la inseguridad no les robe la infancia.

Deseo que, ante el peligro, sus piernas corran veloces hacia brazos protectores, hacia un refugio donde el miedo se disipe, donde la respiración se calme y la fuerza se renueve. Que siempre encuentren un lugar seguro donde refugiarse.

Deseo que ningún cuerpo ajeno viole su espacio, que su piel sea solo suya, siempre. Que aprendan que la fuerza reside en la voz, en el "no" rotundo que marca un límite infranqueable. Y si la vulneración llegara, que jamás carguen con la culpa, que sepan que su valor permanece intacto, que son dignas de amor y de ser amadas. Que la herida sane sin dejar cicatrices en el alma.

Deseo que sus sueños sean vastos, que elijan un camino que encienda su pasión, que las haga vibrar con la vida. Que descubran su vocación y que la sociedad les permita ejercerla con dignidad, sin los grilletes de los prejuicios. Que nadie ose decirles que un trabajo "no es para mujeres". Que cada intento sea una oportunidad para romper sus propios límites, una y otra vez, hasta alcanzar las estrellas.

Deseo, finalmente, que encuentren esa tribu incondicional que llamamos familia, con lazos de sangre o de afecto, donde puedan ser ellas mismas, auténticas, vulnerables, sin máscaras. Que la niña interior, con su alegría y su espontaneidad, nunca deje de brillar, sin importar los años, sin importar las batallas libradas.

A mi niña interior, a todas las niñas que leen estas palabras, les deseo la fuerza para luchar por estos anhelos, para convertirlos en realidad.

Pero, sobre todo, deseo que juntas, como sociedad, luchemos por un México que les brinde una infancia segura, libre y plena. Porque si no defendemos a nuestras niñas, ¿qué nos queda por defender? En ellas reside el futuro, la esperanza, la fuerza de un país. Su bienestar es nuestra responsabilidad.

Fuente: El Heraldo de México