30 de abril de 2025 a las 20:45
Pastor linchado: ¿Justicia o barbarie?
La tranquilidad de la vereda San Andrés, en el municipio de Chinchiná, Caldas, se vio abruptamente interrumpida por una escena que heló la sangre de sus habitantes. Una niña de tan solo 13 años corría desesperadamente, su rostro marcado por el terror, mientras era perseguida por un hombre que, momentos después, sería identificado como José Ramírez, pastor de la Iglesia Ministerio Apostólico del Reino y, escalofriantemente, padrastro de la menor. La persecución, que parecía sacada de una pesadilla, quedó registrada en un video que rápidamente se viralizó en redes sociales, desatando una ola de indignación y repudio.
En las imágenes, se observa a la niña corriendo con todas sus fuerzas, la angustia palpable en cada uno de sus movimientos. Detrás de ella, Ramírez la persigue con una determinación que hace pensar en las peores intenciones. Por un instante, la distancia entre ambos se acorta peligrosamente, la mano del pastor se extiende como si estuviera a punto de alcanzarla… Es en ese preciso momento, cargado de tensión, que la niña logra escapar, refugiándose en casa de un vecino que, alertado por los gritos, sale a auxiliarla.
La oportuna intervención del vecino, junto con la rápida reacción de otros habitantes de la vereda, impidió lo que podría haber sido una tragedia. La niña, visiblemente afectada pero a salvo, relató entre sollozos el intento de abuso sexual por parte de su padrastro. La indignación de la comunidad se desbordó. Lo que comenzó como un acto de auxilio se transformó en una turba enfurecida que descargó su furia contra Ramírez.
El video muestra cómo la multitud rodea al pastor, propinándole una brutal golpiza. Los golpes llueven sobre él, acompañados de gritos de repudio y insultos que reflejan la rabia contenida de quienes presenciaron la persecución. El rostro de Ramírez, ensangrentado y magullado, es un reflejo de la violencia desatada.
La llegada de la policía evitó que la situación se agravara aún más. Los uniformados, con gran dificultad, lograron separar a Ramírez de la multitud enardecida y lo pusieron bajo custodia. Sin embargo, ni siquiera la presencia de las autoridades logró calmar por completo los ánimos. Los insultos y algunos golpes continuaron, mientras un agente intentaba, casi en vano, contener a la comunidad que clamaba por justicia.
Este caso ha conmocionado a la sociedad colombiana, no solo por la crudeza de los hechos, sino también por la figura del agresor. José Ramírez, un pastor que predicaba la palabra de Dios, se ve ahora envuelto en un escándalo que pone en entredicho su moralidad y siembra la desconfianza en las instituciones religiosas. La investigación está en curso y se espera que la justicia actúe con celeridad y contundencia para esclarecer los hechos y garantizar la protección de la menor. Este lamentable suceso nos recuerda la importancia de estar alerta y de proteger a los más vulnerables, especialmente dentro del propio entorno familiar. La comunidad de San Andrés, marcada por este traumático episodio, se une en un llamado a la justicia y a la prevención de la violencia contra la niñez.
Fuente: El Heraldo de México