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30 de abril de 2025 a las 07:00
Oso polar ataca a hombre frente a turistas ¡Milagrosa escapada!
La gélida noche ártica se tiñó de tensión y adrenalina en Pyramiden, Svalbard. Imaginen la escena: la oscuridad rota solo por las luces del hotel, el silencio interrumpido por gritos de alerta que helaban la sangre. Un oso polar, majestuoso y letal, se acercaba peligrosamente. No era una visita amistosa, sino una amenaza real para la vida de un trabajador del hotel. Rebecca Baack, turista estadounidense, fue testigo privilegiada de este pulso entre el hombre y la bestia. Desde su ventana, grabó la angustiosa escena: la bengala que falla, el rugido del oso, la carrera desesperada del hombre hacia la moto de nieve. Segundos que se estiraron como una eternidad.
La decisión del trabajador fue instantánea, casi instintiva: abandonar el rifle, apostar todo a la velocidad de la moto de nieve. Un acto reflejo que le salvó la vida. La imagen del oso, con su imponente figura, persiguiendo la moto de nieve es una postal brutal de la fuerza de la naturaleza. Un recordatorio de que en el Ártico, la línea entre la vida y la muerte puede ser tan delgada como el hielo bajo tus pies.
El alivio al ver al hombre a salvo fue palpable, según relata Baack. Un alivio mezclado con admiración por la valentía del trabajador y por la frialdad que le permitió tener la moto de nieve lista para la huida. Imaginen la tensión en el ambiente: cien huéspedes, muchos bajo los efectos del alcohol, resguardados en el hotel, mientras afuera, el oso polar, dueño y señor del territorio, inspeccionaba la moto de nieve, buscando algún bocado entre las provisiones. La escena, casi surrealista, pone de manifiesto la precariedad de la vida humana en estos parajes extremos.
La historia de Pyramiden es un ejemplo de la convivencia, a veces forzada, entre el hombre y la fauna salvaje. Con una población de osos polares que supera a la de humanos, el archipiélago de Svalbard es un territorio donde la naturaleza dicta sus propias leyes. Estos animales, poderosos y adaptados a las condiciones más extremas, son un recordatorio constante de la fragilidad humana. Visit Svalbard, la agencia de turismo local, advierte sobre la imprevisibilidad de los encuentros con osos polares. Animales capaces de atacar sin previo aviso, con una velocidad y ferocidad que dejan poco margen de reacción.
Este incidente en Pyramiden no es un caso aislado. La crónica de los últimos meses nos recuerda la peligrosidad de estos encuentros. Desde el trágico fallecimiento de un trabajador en el Ártico canadiense hasta el heroico acto de un hombre que defendió a su esposa del ataque de un oso polar, las historias se repiten, tejiendo una narrativa de respeto y temor hacia estos gigantes del hielo. Viajar a estas latitudes implica aceptar el riesgo, asumir que la naturaleza es la que manda y que la supervivencia depende, en muchas ocasiones, de la preparación, la precaución y, por qué no decirlo, de un poco de suerte.
Fuente: El Heraldo de México