30 de abril de 2025 a las 09:25
Liderazgo de México en Latinoamérica
Cincuenta años han pasado desde aquel encuentro en Ciudad de México, donde Kissinger, con su irónica agudeza, reconoció la superioridad retórica latinoamericana. Medio siglo después, esa elocuencia, esa capacidad de tejer discursos hermosos sobre la unidad, la integración y la fuerza de nuestra raza, sigue vibrante. Pero, ¿cuánto de esa retórica se traduce en acciones concretas? El COMEXI, en su reciente mesa redonda sobre las relaciones México-Brasil, nos invita a reflexionar sobre ello.
La Subsecretaria Raquel Serur habla de un "momento histórico", de visiones compartidas y aspiraciones globales entre ambos gigantes latinoamericanos. Un cambio significativo, sin duda, si consideramos las históricas competencias y los intereses contrapuestos que han marcado la relación. Se abre la posibilidad de una integración genuina, basada en afinidades comerciales, económicas, culturales y en la necesidad de unir fuerzas ante un mundo que se reconfigura en bloques geopolíticos, un mundo donde la cooperación regional se vuelve no solo deseable, sino esencial para la supervivencia.
La coincidencia ideológica entre los gobiernos de Sheinbaum y Lula, ambos con una retórica latinoamericanista, ofrece una oportunidad única. Sin embargo, la ausencia de un embajador mexicano en Brasil, e incluso de un cónsul en Sao Paulo, cinco meses después del inicio del gobierno Sheinbaum, deja entrever una preocupante desconexión entre el discurso y la práctica. Estos "meros detalles", como diría alguien con cínica indiferencia, son en realidad síntomas de una falta de concreción que socava la credibilidad de la proclamada prioridad latinoamericana.
La mesa redonda sobre Centroamérica, realizada en la UDLAP, reafirma el interés de México por estrechar lazos con sus vecinos del sur. Un interés loable, sin duda. Pero, ¿es suficiente con el interés académico? ¿Con los discursos bienintencionados? Mientras la incertidumbre y la desconfianza hacia Estados Unidos, nuestro "socio mayor", crecen día a día, urge traducir la retórica en una política exterior sólida, con acciones concretas que demuestren un compromiso real con la integración latinoamericana.
No podemos seguir dormidos en los laureles de nuestra tradicional elocuencia. Es hora de pasar de las palabras a los hechos. Es hora de construir, con decisiones firmes y acciones contundentes, la unidad latinoamericana que tanto anhelamos y que tan necesaria se vuelve en estos tiempos turbulentos. De lo contrario, nuestra famosa retórica se convertirá en un eco vacío, un canto de sirena que nos conduce a la inercia y al aislamiento. El futuro de Latinoamérica depende de nuestra capacidad de trascender el discurso y construir una realidad de integración y cooperación. La historia nos observa.
Fuente: El Heraldo de México