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30 de abril de 2025 a las 07:35

Extranjera clausurada: ¿Adiós a la playa privada?

La aparente tranquilidad de la playa de San Pancho, en Nayarit, se ha visto turbada por un conflicto que ha escalado de un altercado personal a una cuestión de dominio público y respeto a la ley. El incidente, originado por una disputa entre una familia mexicana y una ciudadana extranjera, ha puesto en el ojo del huracán la construcción de una vivienda en la zona costera, desatando una ola de indignación en redes sociales y movilizando a las autoridades federales.

Lo que comenzó como una jornada playera para una familia mexicana se transformó en una experiencia desagradable cuando una mujer extranjera, identificada como Jill, los confrontó por ocupar un espacio en la arena. La actitud de la mujer, quien según testigos actuó “como si fuera dueña de la playa”, escaló rápidamente a una agresión verbal, argumentando la posesión de una concesión en la zona. Este acto de prepotencia, capturado en video y difundido en redes sociales, desató la furia de la comunidad digital, que no tardó en exigir justicia y el respeto al libre tránsito en las playas mexicanas, un derecho constitucionalmente garantizado.

La viralización del video no solo evidenció la actitud de la mujer extranjera, sino que también puso en tela de juicio la legalidad de la construcción de su vivienda en la playa. Las autoridades municipales de Bahía de Banderas actuaron con prontitud, imponiendo una multa de 150 mil pesos e ordenando la detención de la obra por diversas irregularidades. Sin embargo, la indignación ciudadana persistió ante los rumores de que la construcción continuaba a pesar de la clausura. La presión social, canalizada a través de las redes sociales, llegó hasta la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

La respuesta de las autoridades federales no se hizo esperar. La titular de la Profepa, Mariana Boy, anunció la clausura total y temporal de la obra, confirmando el incumplimiento de las condicionantes establecidas en la autorización de impacto ambiental. Esta acción, comunicada a través de las redes sociales, representa una victoria para la ciudadanía que ejerció su derecho a la denuncia y a la vigilancia del cumplimiento de la ley. No obstante, el caso deja interrogantes sobre la eficacia de los mecanismos de supervisión y la vulnerabilidad de los ecosistemas costeros ante intereses particulares.

Más allá del incidente puntual, este caso abre un debate crucial sobre el acceso a las playas, la protección del medio ambiente y el respeto a la legalidad. ¿Cómo garantizar que las concesiones otorgadas en zonas costeras no vulneren el derecho al libre tránsito y la preservación de los ecosistemas? ¿Qué mecanismos de control se deben implementar para evitar la impunidad ante el incumplimiento de la normativa ambiental? Estas son preguntas que exigen respuestas claras y contundentes por parte de las autoridades.

La clausura de la obra en San Pancho es un paso importante, pero la lucha por la defensa de las playas mexicanas continúa. Es necesario fortalecer la vigilancia, promover la participación ciudadana y garantizar que la justicia se aplique con rigor ante cualquier intento de privatización de estos espacios que pertenecen a todos los mexicanos. El caso de San Pancho sirve como recordatorio de la importancia de la denuncia ciudadana y la movilización social para la protección de nuestro patrimonio natural. La vigilancia constante y la exigencia de transparencia son fundamentales para asegurar que las playas mexicanas sigan siendo un bien público, accesible para todos y protegido de intereses particulares.

Fuente: El Heraldo de México