30 de abril de 2025 a las 09:55
Encienden luz de esperanza infantil en Oaxaca
El vibrante tapiz cultural de Juchitán, Oaxaca, se enriquece cada año con la celebración de las velas, festividades que entrelazan la tradición zapoteca con la fe católica. Un ejemplo palpable de esta fusión es la Vela de “la Hermandad de los Niños”, o "Guendaliza Sti ca Xcuidi" en la lengua zapoteca, una fiesta que, aunque relativamente joven, ha echado raíces profundas en el corazón de la comunidad.
Nacida en el año 2000 de la iniciativa de un grupo de jóvenes catequistas de la parroquia de San Vicente Ferrer, esta vela se celebra en honor al Santo Patrón de la ciudad y, de manera especial, a los niños y niñas de Juchitán. El próximo 3 de mayo, las calles de la ciudad se llenarán de la alegría y la inocencia de estos pequeños, ataviados con sus mejores galas: los niños con pantalón negro y guayabera blanca, y las niñas luciendo la elegancia del huipil y la enagua, el traje típico de la región.
Leticia Flores Felipe, fundadora de esta entrañable festividad, explica que el objetivo principal es inculcar en las nuevas generaciones el amor por la cultura y las tradiciones zapotecas. Se busca que, desde pequeños, los niños y niñas observen, valoren y aprecien estas celebraciones, garantizando así la continuidad de un legado ancestral.
Las velas istmeñas, como esta dedicada a los niños, son un claro ejemplo de sincretismo religioso. En ellas, la cosmovisión zapoteca se fusiona con la liturgia católica, dando lugar a una expresión única de fe y cultura. Mayo, mes de San Vicente Ferrer, es el escenario predilecto para estas celebraciones, que se caracterizan por las labradas de cera, las coloridas calendas, las regadas de frutas, y las vibrantes velas que iluminan la noche al ritmo de la música y la gastronomía tradicional.
A diferencia de las velas tradicionales, la de los niños se realiza por la tarde, y al igual que las grandes celebraciones, cuenta con sus mayordomos, figuras centrales encargadas de la organización y el desarrollo de la fiesta. Este año, la responsabilidad recae sobre los jóvenes Dilan Carrasco y Katherine Márquez, ambos originarios de Juchitán, quienes junto a sus familias se han entregado con entusiasmo a esta importante labor.
Silas Carrasco, padre de Dilan, comparte la alegría y el orgullo que siente su familia por ser parte de esta tradición. Para ellos, es una bendición poder contribuir a la preservación de la Vela de los Niños, una fiesta que se vive con cariño y devoción, y que representa un vínculo invaluable con sus raíces culturales.
La Vela de los Niños, en su 25 aniversario, se consolida como un espacio de encuentro comunitario, donde la identidad zapoteca se reafirma y se transmite a las nuevas generaciones. Un recordatorio de que las tradiciones, como las velas que iluminan las noches de Juchitán, son la llama que mantiene viva la esencia de un pueblo. Una llama que, gracias al compromiso de la comunidad y al entusiasmo de los más jóvenes, seguirá brillando con fuerza por muchos años más. Esta vela, al igual que las demás celebradas en la región, honra no solo a santos, sino también a elementos de la naturaleza como frutas y animales, incluso a oficios, demostrando la profunda conexión del pueblo zapoteca con su entorno y su historia. Es una celebración que invita a la reflexión sobre la importancia de preservar las raíces culturales y a participar activamente en la construcción de un futuro donde la tradición y la modernidad se entrelacen en armonía.
Fuente: El Heraldo de México