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30 de abril de 2025 a las 12:30

Domina el parkour con Alexander Chao

La elegancia ecuestre no se mide en años, sino en la conexión invisible que une a jinete y caballo. Alexander Chao, con tan solo nueve años, personifica esta verdad. Imaginen la escena: un niño que apenas alcanza la estribera, con la mirada fija en el obstáculo, guiando a un corcel cuya magnitud lo empequeñece, pero cuya fuerza complementa la suya. Es una danza de precisión y confianza, un ballet de movimientos sincronizados donde la ligereza del jinete contrasta con la potencia del animal.

Rojo, su primer caballo, ya disfrutaba de un merecido retiro cuando Alexander comenzaba a dar sus primeros pasos en este apasionante mundo. Ahora, junto a Licenciado, despliega una elegancia innata que recuerda a la impecabilidad de sus atuendos de competición. Los sacos, chalecos y botas, confeccionados a su medida, parecen miniaturas de la indumentaria de un jinete experimentado, un detalle que acentúa la ternura de su edad y la grandeza de su pasión.

Bajo la tutela del Mayor Jaime Velázquez, quien portara con orgullo la bandera nacional en las Olimpiadas de Barcelona 92, Alexander se forma en la disciplina y la precisión. El legado olímpico se respira en cada entrenamiento, en cada salto, en cada consejo que el experimentado jinete imparte a su joven pupilo. La Sedena, el Cear y el Circuito Ecuestre del Valle de Toluca son testigos de su constante progreso, escenarios donde la destreza de Alexander se pule y donde las moñas, trofeos de sus victorias en saltos de 80 y 90 centímetros, se multiplican. Estas moñas, colgadas con orgullo en una rama de su hogar, narran la historia de un pequeño gran campeón.

Pero más allá de la ambición deportiva, en el corazón de Alexander reside la esencia pura del amor por los caballos. Su día a día se construye con momentos simples y genuinos: la alegría de saltar en el jardín durante las reuniones familiares, la complicidad con Félix, un gato misterioso que apareció de la nada y que se ha convertido en su fiel compañero, y la emoción de faltar al colegio de vez en cuando, un premio bien merecido tras una destacada actuación en alguna competencia.

Alexander Chao nos recuerda que la verdadera pasión no entiende de edades, que la conexión con la naturaleza y con los animales es un regalo invaluable, y que la elegancia se encuentra en la pureza de un niño que sueña a lomos de un caballo. Su historia nos inspira a perseguir nuestros sueños con la misma determinación y alegría, recordándonos que el verdadero triunfo reside en disfrutar el camino.

Fuente: El Heraldo de México