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1 de mayo de 2025 a las 01:30

Crítica: Thunderbolts, ¿triunfo o fracaso?

Han pasado casi tres décadas desde que Tony Stark, con su carisma y genialidad, nos presentó al Universo Cinematográfico de Marvel. Veintisiete años que han visto nacer y crecer a un coloso del entretenimiento, una saga que se extiende más allá de las pantallas de cine, permeando la cultura popular con sus icónicos personajes y narrativas. Y es que, ¿quién no ha soñado con el poder de Thor, la agilidad de Black Panther o la inteligencia de Iron Man? Pero con el paso del tiempo, la fórmula, antes innovadora, comenzaba a mostrar signos de agotamiento. La saturación de efectos especiales, las tramas predecibles y el humor a veces forzado, generaban una sensación de fatiga en la audiencia. Parecía que el MCU había alcanzado su punto máximo y comenzaba un lento descenso.

Sin embargo, como el ave fénix que renace de sus cenizas, Marvel Studios nos sorprende con Thunderbolts, una película que se atreve a explorar terrenos más oscuros y complejos. Un soplo de aire fresco en un universo que parecía estancado en la repetición. La cinta número 36 de esta saga nos sumerge en un mundo donde los héroes no son tan brillantes ni los villanos tan unidimensionales. Nos presenta a personajes rotos, con cicatrices emocionales que se esconden bajo capas de sarcasmo y aparente indiferencia. Personajes que, a pesar de sus habilidades extraordinarias, se enfrentan a demonios internos tan reales y tangibles como los nuestros.

Valentina Allegra de Fontaine, la astuta y calculadora directora de la CIA, se convierte en el eje central de esta narrativa. Acorralada por la justicia, se ve obligada a recurrir a un equipo de antihéroes y mercenarios, individuos con pasados turbios y motivaciones cuestionables. Entre ellos destaca Yelena Belova, la hermana de Black Widow, aún lidiando con el duelo y la pérdida. Un grupo disfuncional, unido por la necesidad y la promesa de una redención que parece estar fuera de su alcance.

Thunderbolts no se limita a ser un espectáculo de acción y efectos especiales, aunque los tiene y en abundancia. La película se adentra en la psique de sus protagonistas, explorando temas como la soledad, la tristeza y la búsqueda de un propósito en un mundo que a menudo parece indiferente. La muerte de uno de los personajes principales en el primer acto establece un tono sombrío y realista, recordándonos que incluso en un universo de superpoderes, las consecuencias son reales y permanentes.

Jake Schreier, el director, demuestra una maestría excepcional al equilibrar la acción trepidante con momentos de introspección y humor negro. Su visión, forjada en proyectos independientes como el aclamado cortometraje El hombre de papel, aporta una sensibilidad y una profundidad que rara vez se ven en las superproducciones de Hollywood. Schreier construye una narrativa que resuena con la audiencia a un nivel emocional, invitándonos a reflexionar sobre la naturaleza del bien y del mal, y la importancia de la conexión humana en un mundo cada vez más fragmentado.

Thunderbolts es una apuesta arriesgada que da sus frutos. Una película que se atreve a romper con las convenciones del género, ofreciendo una experiencia cinematográfica más madura y reflexiva. Un recordatorio de que incluso en los universos más fantásticos, las emociones humanas son la fuerza más poderosa. Y que, a pesar de las sombras y la oscuridad, siempre hay una chispa de esperanza, un rayo de luz que nos recuerda que nunca estamos realmente solos.

Fuente: El Heraldo de México