30 de abril de 2025 a las 16:00
Abuelita agredida en Azcapotzalco: "Temía que me golpeara"
La vulnerabilidad de nuestros adultos mayores nos golpea una vez más con la historia de Martha, una mujer de 77 años que, en un acto de confianza, abrió las puertas de su hogar en la colonia Trabajadores del Hierro, Azcapotzalco, a un hombre que se hacía pasar por samaritano. La necesidad de asistencia para movilizar a su hijo con discapacidad mental la llevó a solicitar ayuda a Dorian S., quien, lejos de ofrecer una mano amiga, tejió una cruel trampa. La imagen de Martha pidiendo auxilio a quien luego se convertiría en su agresor, grabada el 28 de abril, es un crudo recordatorio de la fragilidad a la que se enfrentan muchos de nuestros mayores.
El relato de Martha, con la voz entrecortada por la angustia, nos conmueve profundamente. "Lo vi afuera y le dije, ¿tú crees que me puedas ayudar con mi hijo?, y me dijo claro", recuerda con la inocencia quebrada. La confianza depositada en un desconocido se transformó en una pesadilla cuando, tras ayudar con su hijo, el sujeto la siguió a su recámara, la sometió, la tiró al piso y robó el dinero que con tanto esfuerzo había ahorrado. "Me quedé callada porque temía que me golpeara", confiesa Martha, revelando el terror que la paralizó ante la violencia inminente. Es desgarrador imaginar el miedo que experimentó esta mujer en la intimidad de su hogar, un lugar que debería ser sinónimo de seguridad y tranquilidad.
Afortunadamente, la rápida respuesta de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) permitió la detención de Dorian S. Los oficiales, alertados por la frecuencia de radio, acudieron al domicilio de Martha en la calle Fundidores y, tras escuchar su testimonio, la orientaron para presentar la denuncia correspondiente. La detención del agresor y su traslado a la fiscalía territorial de Azcapotzalco, donde enfrenta cargos por robo con violencia, representa un pequeño triunfo en la lucha contra la impunidad. Sin embargo, la cicatriz emocional que este evento ha dejado en Martha y su familia es profunda.
"Ya no estoy tan triste, mi familia me está hable y hable y me regañan de que ya no le abra a nadie", comenta Martha con una mezcla de resignación y tristeza. Esta frase, cargada de dolor, nos interpela como sociedad. ¿Cómo podemos construir un entorno donde la solidaridad no sea sinónimo de riesgo? ¿Cómo podemos proteger a nuestros adultos mayores, quienes con frecuencia son el blanco de la delincuencia debido a su vulnerabilidad?
Este lamentable suceso debe servir como un llamado a la reflexión y a la acción. Es imperativo fortalecer las redes de apoyo para nuestros adultos mayores, promover la cultura de la denuncia y exigir a las autoridades que garanticen su seguridad. Asimismo, es fundamental fomentar la empatía y la solidaridad en nuestra comunidad, para que la ayuda genuina no sea opacada por el miedo a la traición. El caso de Martha nos recuerda que la seguridad de nuestros mayores es una responsabilidad compartida. No podemos permitir que el miedo les robe la tranquilidad y la confianza en los demás. Debemos trabajar juntos para construir una sociedad donde la vejez sea sinónimo de respeto, protección y dignidad.
Fuente: El Heraldo de México