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30 de abril de 2025 a las 01:55

Tragedia en campamento sin permiso SEP

La tragedia que rodea el fallecimiento de Erick Leonardo Terán Torbellín, de tan solo 13 años, ha sacudido a la sociedad mexicana y ha puesto bajo la lupa el funcionamiento de las academias militarizadas. Más allá de las versiones oficiales y las declaraciones de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc, surge una profunda reflexión sobre la responsabilidad de las instituciones educativas, la supervisión de las autoridades y la necesidad de proteger a nuestros jóvenes.

El contraste entre la imagen proyectada por la academia –“cadetes con alto nivel cognitivo, crítico y constructivo”, "personal capacitado" y paramédicos– y la cruda realidad de un campamento sin permisos, con acusaciones de tortura física y psicológica, nos obliga a preguntarnos: ¿qué falló? ¿Cómo es posible que un menor pierda la vida en un entorno que se supone debe ser seguro y propicio para su desarrollo?

La clausura de la academia por parte del INVEA y la investigación en curso por parte de la Fiscalía son pasos importantes, pero no son suficientes. Es necesario llegar al fondo del asunto, esclarecer las responsabilidades y garantizar que hechos como este no se repitan. La vida de Erick Leonardo no puede ser en vano. Su muerte debe servir como un llamado de atención para fortalecer la regulación y supervisión de este tipo de instituciones.

La declaración del director de la academia, Juan Carlos Carrera Saavedra, desmintiendo las acusaciones y lamentando la “hostilidad” de la familia del menor, añade otra capa de complejidad al caso. Si bien es importante escuchar todas las versiones, las evidencias presentadas –la necropsia, los testimonios de los compañeros de Erick– pintan un panorama desolador. La pregunta que queda en el aire es: ¿cómo se concilia el discurso de la academia con las marcas de violencia en el cuerpo del menor?

El dolor de una madre que ha perdido a su hijo es inconmensurable. Erika Torbellín no solo enfrenta la pérdida irreparable de Erick, sino que también debe lidiar con la dolorosa tarea de buscar justicia en un sistema que a veces parece fallar a quienes más lo necesitan. Su valentía al denunciar públicamente lo sucedido es un acto de amor y un llamado a la sociedad para que no olvidemos a Erick y exijamos respuestas.

Es crucial que la investigación sea exhaustiva y transparente. No basta con clausurar la academia; se debe determinar si hubo negligencia, omisión o encubrimiento por parte de las autoridades. Asimismo, es fundamental revisar los protocolos de seguridad y las prácticas educativas en todas las academias militarizadas del país.

La educación debe ser sinónimo de seguridad, desarrollo y bienestar. Ningún niño o adolescente debería temer por su vida al asistir a un campamento escolar. La memoria de Erick Leonardo nos exige una profunda reflexión y un compromiso inquebrantable para garantizar que la tragedia no se repita. Es hora de exigir justicia y de construir un sistema educativo que proteja a nuestros jóvenes y les brinde las herramientas para alcanzar su pleno potencial.

Fuente: El Heraldo de México