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29 de abril de 2025 a las 09:35

SOS México: ¿Quién nos ayuda?

La tragedia se cierne sobre México, un país que parece haber extraviado su brújula moral. Si en el pasado la figura materna, como exploró Octavio Paz en su obra maestra "El Laberinto de la Soledad", representaba un bastión de respeto, un símbolo de abnegación y un refugio en medio de la tempestad, hoy, ese mismo símbolo se encuentra vulnerado, profanado por la violencia que azota nuestra nación. Ya no se respeta ni a la madre, ese pilar fundamental de nuestra cultura, ese referente que se invoca tanto para expresar la máxima aprobación como para lanzar la más profunda maldición.

La situación de las madres buscadoras es un reflejo desgarrador de esta decadencia. Mujeres valientes que, ante la indolencia y la ineficacia de las autoridades, se han visto obligadas a tomar en sus propias manos la búsqueda de sus hijos desaparecidos. Antes, incluso los grupos criminales, en una retorcida muestra de respeto, les proporcionaban pistas, les dejaban señales que indicaban el paradero de sus seres queridos. Un respeto macabro, sí, pues la verdadera muestra de respeto habría sido no arrebatarles a sus hijos en primer lugar.

Pero ahora, ni siquiera ese vestigio de humanidad queda. El asesinato de María del Carmen Morales, integrante del colectivo "Guerreros buscadores de Jalisco", y de su hijo, es un golpe devastador, un testimonio brutal de la escalada de violencia que sufren estas mujeres. Y lo más indignante es la rápida respuesta de la fiscalía, descartando en tiempo récord cualquier vínculo entre el crimen y el activismo de María del Carmen. ¿Una coincidencia? Difícil de creer en un país donde la impunidad es la norma.

Las madres buscadoras viven bajo constante amenaza. Secuestros temporales, intimidaciones, asesinatos… La lista de horrores se extiende a la par que la lista de desaparecidos. Su único crimen: buscar a sus hijos, escarbar en la tierra con la esperanza de encontrar aunque sea sus restos, aferrarse a la mínima posibilidad de cerrar un capítulo de dolor indescriptible. Un derecho que les fue arrebatado primero con la desaparición de sus hijos y ahora con la violencia que se ejerce contra ellas.

Estas mujeres, que con palas y picos se enfrentan a la tierra y al olvido, que recorren fosas clandestinas convertidas en cementerios sin nombre, representan la lucha contra la barbarie, la resistencia ante la desesperanza. Son el espejo de un país que entierra su futuro, un futuro arrebatado por la violencia y la impunidad.

¿Venganza? ¿Es eso lo que mueve a los asesinos de estas mujeres? ¿Venganza contra quienes se atreven a desafiar su poder, a exigir justicia en un país donde la justicia parece ser un espejismo? México se encuentra en el desamparo. La petición de Ceci Flores a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, para la destitución de Rosario Piedra Ibarra de la CNDH, es un grito desesperado en medio del silencio cómplice. La omisión y el abandono de la CNDH ante esta crisis humanitaria son inaceptables. Es hora de que las autoridades asuman su responsabilidad y protejan a quienes buscan la verdad y la justicia en un país sumido en la oscuridad.

Fuente: El Heraldo de México