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29 de abril de 2025 a las 09:45

Seguridad o Soberanía Alimentaria: ¿Hacia Dónde Vamos?

La seguridad alimentaria, un concepto que resuena con fuerza en el panorama global actual, ha experimentado una profunda transformación a lo largo de las décadas. Desde su enfoque inicial en la mera disponibilidad de alimentos tras la Segunda Guerra Mundial, ha evolucionado para abarcar una perspectiva mucho más integral. Ya no se trata solo de producir suficiente, sino de asegurar el acceso equitativo, la calidad nutricional y la sostenibilidad de los sistemas de producción. La Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 cristalizó esta visión, definiendo la seguridad alimentaria como el derecho fundamental a alimentos seguros, nutritivos y culturalmente aceptables.

Sin embargo, los desafíos contemporáneos, como el cambio climático, la volatilidad económica y la pandemia, han puesto de manifiesto la fragilidad de los sistemas alimentarios globales. La reciente crisis de precios de alimentos y fertilizantes ha intensificado la necesidad de repensar nuestras estrategias, impulsando la búsqueda de sistemas más resilientes y menos dependientes de los vaivenes del mercado internacional. En este contexto, la soberanía alimentaria emerge como un pilar fundamental.

A diferencia de la seguridad alimentaria, que se centra en la disponibilidad y el acceso, la soberanía alimentaria va más allá, reivindicando el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias. Nacida en la década de 1990 como respuesta al neoliberalismo y impulsada por movimientos como La Vía Campesina, la soberanía alimentaria prioriza la producción local, la agroecología, la sostenibilidad y el control comunitario de los recursos. Se erige como un contrapeso a la influencia de las corporaciones multinacionales, defendiendo los intereses de las comunidades locales y sus culturas alimentarias.

En América Latina, esta dicotomía entre seguridad y soberanía alimentaria adquiere una relevancia particular. La región, con su enorme potencial agrícola y su inserción en el mercado global, se encuentra en una encrucijada. Países como Brasil y México, grandes exportadores de alimentos, han experimentado los beneficios económicos del comercio internacional, pero también sus vulnerabilidades. La pregunta crucial es cómo conciliar la participación en el mercado global con la protección de la soberanía alimentaria.

La respuesta reside en construir capacidades nacionales que garanticen el derecho a la alimentación de las poblaciones, especialmente las más vulnerables. Esto implica fomentar la producción local de alimentos nutritivos a través de sistemas sostenibles y resilientes al cambio climático, basados en el conocimiento tradicional y científico. Requiere también una infraestructura eficiente para el acopio, conservación, transporte y distribución de alimentos, así como políticas públicas que promuevan el desarrollo científico y tecnológico, el acceso equitativo a la tierra y el agua, y la protección de la salud animal y vegetal.

La soberanía alimentaria no es una utopía, sino una necesidad urgente. Es la llave para que los países latinoamericanos puedan navegar con autonomía en un mundo cada vez más complejo e incierto. No se trata de rechazar el mercado internacional, sino de fortalecer las capacidades nacionales para participar en él en condiciones más justas y equitativas.

Experiencias como las de Chile y Brasil, con sus avances en la articulación de la seguridad y la soberanía alimentaria, demuestran que es posible construir un camino hacia un sistema alimentario más justo y sostenible. La reactivación de políticas públicas centradas en la soberanía alimentaria, como las impulsadas por el gobierno de Lula en Brasil y el Plan para la Soberanía y la Autosuficiencia Alimentaria en México, son ejemplos de este compromiso. Estos esfuerzos, que priorizan la producción campesina, la agroecología y el desarrollo local, representan un paso fundamental hacia la construcción de un futuro alimentario más seguro y soberano para la región. El desafío es enorme, pero la recompensa, un futuro con alimentos para todos, justifica plenamente el esfuerzo. La soberanía alimentaria no es solo un derecho, es una condición esencial para la verdadera independencia y el desarrollo sostenible de nuestros pueblos.

Fuente: El Heraldo de México