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29 de abril de 2025 a las 05:00

Revive la magia: Tren eléctrico México-Querétaro '94

La promesa de un tren bala México-Querétaro en dos años y medio resuena con fuerza, evocando la modernidad y la eficiencia. Doscientos veintiséis kilómetros de vía doble, velocidades de hasta 200 km/h y un trayecto de menos de dos horas entre ambas ciudades… Suena casi futurista, ¿verdad? Sobre todo si consideramos que la estación de Buenavista, otrora punto de partida de colosos metálicos, ha permanecido silente en cuanto a trenes de pasajeros se refiere desde la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México en 1995.

Este anuncio, sin embargo, no surge en el vacío. Resulta inevitable recordar la historia, ese eco del pasado que nos susurra sobre un México que también soñó con la velocidad y la conexión ferroviaria. Un año antes de la privatización, en 1994, se inauguró un servicio de pasajeros entre México y Querétaro, utilizando locomotoras eléctricas y una vía doble. Un espejismo de progreso que se desvaneció rápidamente.

Y aún más atrás, en 1978, la semilla de este sueño ya se había plantado. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), con visión de futuro, planeaba la primera vía doble electrificada del país. La ruta México-Querétaro, con su topografía favorable –ausencia de curvas pronunciadas y pendientes excesivas–, su ubicación estratégica en el corazón del país y su intensa actividad comercial y de pasajeros, se perfilaba como la candidata ideal.

Para 1986, el proyecto avanzaba a buen ritmo. Doscientos kilómetros de los 245 planeados ya estaban concluidos. Nueve túneles “falsos”, dos perforados (Palmillas y Barrientos), puentes, viaductos y pasos a desnivel se erigían como testigos del ambicioso proyecto. Pero la verdadera joya de la corona eran las locomotoras.

Imaginen la escena: 39 locomotoras General Electric E60C-2, con sus 4,400 kW de potencia y seis ejes motrices, listas para devorar los kilómetros. Su elegante color gris, adornado con franjas amarillas, naranjas y rojas, las distinguía de sus contrapartes diésel, azules con franjas rojas. Una imagen poderosa de la modernidad que prometía el futuro. ¿Quién de ustedes, lectores, recuerda estas imponentes máquinas? ¿Quién fue testigo de su silencioso deslizamiento por las vías, alimentadas por la energía que fluía desde las catenarias a través de sus pantógrafos?

Estas locomotoras representaban un salto tecnológico. No dependían del rugido del diésel, sino del silencioso zumbido de la electricidad. Un sistema innovador que prometía eficiencia y respeto al medio ambiente.

Lamentablemente, este primer intento de modernización ferroviaria tuvo una vida efímera. Dos años después de su inauguración, el servicio se interrumpió, víctima de la privatización y el posterior desmantelamiento del sistema ferroviario de pasajeros. Aquellas imponentes locomotoras General Electric, símbolos de un futuro prometedor, encontraron un nuevo hogar al norte de la frontera, en Estados Unidos, donde continuaron su labor.

Ahora, con el nuevo anuncio de la Presidenta Sheinbaum, el sueño del tren rápido México-Querétaro resurge. La historia nos ofrece una valiosa lección: la importancia de la planificación a largo plazo, la constancia en la ejecución y la visión de un futuro donde la conectividad y la eficiencia sean pilares del desarrollo. ¿Será esta vez diferente? El tiempo lo dirá.

Fuente: El Heraldo de México