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29 de abril de 2025 a las 11:20

¡No toques la educación!

La educación, ese crisol donde se forjan las mentes del mañana, se encuentra en una encrucijada constante entre la libertad de pensamiento y la imposición ideológica. Desde los albores de la civilización, el conocimiento ha sido un arma de doble filo, capaz de liberar al individuo o de someterlo a los designios de un poder autoritario. El control de la educación, la manipulación de los programas escolares y la persecución de ideas disidentes son tácticas recurrentes de regímenes que buscan perpetuar su dominio a través del adoctrinamiento.

La historia nos ofrece innumerables ejemplos de esta peligrosa tendencia. Desde la Revolución Cultural China, retratada con crudeza en "El violín rojo" de François Girard, donde la música y el arte occidental fueron demonizados y sus practicantes perseguidos, hasta las recientes presiones políticas sobre instituciones académicas como la Universidad de Harvard, la amenaza a la libertad intelectual es una constante que debemos combatir sin tregua. La valiente resistencia de Harvard ante las presiones del gobierno de Trump, defendiendo su autonomía para decidir qué enseñar, a quién admitir y qué investigar, se erige como un faro de esperanza en la defensa del pensamiento crítico y la pluralidad de ideas.

El caso de Harvard no es un hecho aislado. En muchos rincones del mundo, la educación se convierte en un campo de batalla ideológico donde se enfrentan visiones antagónicas sobre el futuro de la sociedad. La imposición de una línea de pensamiento única, la censura de voces disidentes y la manipulación de la información son herramientas utilizadas por regímenes autoritarios para moldear a los ciudadanos a su imagen y semejanza.

La película "La lengua de las mariposas" de José Luis Cuerda, nos muestra con dolorosa precisión las consecuencias de la alienación educativa en una pequeña comunidad española durante la Guerra Civil. El profesor, símbolo de la razón y la libertad de pensamiento, es víctima de la intolerancia y la manipulación de un régimen que utiliza la educación como instrumento de control social. La trágica imagen del niño, repitiendo las lecciones de su maestro mientras lo apedrea, nos recuerda la fragilidad de la razón frente al fanatismo y la importancia de proteger la educación de las garras del poder.

La lucha por la libertad de cátedra, la defensa de la autonomía universitaria y la promoción del pensamiento crítico son pilares fundamentales para la construcción de una sociedad justa y democrática. Los tribunales, como garantes del Estado de Derecho, juegan un papel crucial en la protección de la educación frente a las intromisiones del poder político. La respuesta contundente de Harvard ante las presiones gubernamentales, nos recuerda la importancia de defender la libertad de pensamiento con firmeza y determinación. Como sociedad, debemos estar alerta ante cualquier intento de manipular la educación y utilizarla como herramienta de control ideológico. El futuro de la democracia depende, en gran medida, de nuestra capacidad para proteger la libertad de cátedra y fomentar el pensamiento crítico en las nuevas generaciones. No podemos permitir que las "sucias patas" del autoritarismo contaminen el sagrado templo del conocimiento.

Fuente: El Heraldo de México