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29 de abril de 2025 a las 09:30

¡No toquen la educación!

La educación, ese crisol donde se forjan las mentes del mañana, se encuentra en una encrucijada constante. Desde la tierna infancia, absorbemos los valores y las ideas de nuestro entorno familiar, una suerte de impronta que moldea nuestra percepción del mundo. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego llega con la educación superior, ese espacio donde el pensamiento crítico se afila y las convicciones personales se consolidan. Es en la universidad donde el individuo, armado con las herramientas del análisis y la reflexión, decide qué camino tomar, qué verdades abrazar.

A lo largo de la historia, la educación ha sido un arma de doble filo, un instrumento tanto de liberación como de opresión. Regímenes autoritarios, sedientos de control, han comprendido el poder que reside en la manipulación del conocimiento. Imponer una única línea de pensamiento, axiomática e incuestionable, se convierte en la piedra angular de su dominio. El cine nos ha regalado ejemplos escalofriantes de esta realidad, como la "reeducación" cultural retratada en "El violín rojo" de François Girard, donde la disidencia se pagaba con la vida. La Revolución Cultural china, con su purga sistemática de todo lo "occidental", es un testimonio estremecedor de la barbarie que puede desatarse cuando el pensamiento único se impone.

En la actualidad, vemos cómo esta lucha por el control de la educación se reproduce en diferentes escenarios. La Universidad de Harvard, un bastión del conocimiento y la libertad intelectual, se enfrenta al desafío de un gobierno que pretende imponer sus propias reglas. El congelamiento de fondos, una medida calificada de ilegal, es una represalia ante la negativa de la universidad a plegarse a las políticas educativas del presidente Trump. Esta actitud autoritaria, que busca restringir la libertad académica y controlar los programas de integración, ha generado una respuesta contundente por parte de Harvard: "Ningún gobierno, independientemente del partido que esté en el poder, debe dictar lo que las universidades privadas pueden enseñar". Una declaración que resuena con la fuerza de la historia, recordándonos que la libertad de pensamiento es un derecho inalienable.

La película "La lengua de las mariposas" de José Luis Cuerda nos ofrece una visión desgarradora de las consecuencias de la alienación educativa. Un maestro, símbolo de la razón y la moral, es repudiado por la misma comunidad que antes lo veneraba, víctima de la intoxicación ideológica del régimen franquista. La escena del niño, repitiendo las lecciones de su maestro mientras le arroja piedras, es una metáfora poderosa de la tragedia que se desata cuando la educación se convierte en un instrumento de adoctrinamiento.

Ante el avance de los autoritarismos, la defensa de la educación libre y plural se convierte en una tarea impostergable. Los tribunales, como garantes del Estado de Derecho, juegan un papel crucial en esta batalla. Harvard, en su lucha contra la imposición del pensamiento único, nos recuerda la importancia de resistir. Parafraseando la icónica frase de "El planeta de los simios", debemos exigir que se quiten las "sucias patas" de encima de la educación. El futuro de nuestras sociedades, la posibilidad de un mundo más justo y libre, depende de ello. No podemos permitir que la llama del conocimiento se apague.

Fuente: El Heraldo de México