Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Política

29 de abril de 2025 a las 09:30

El pecado de la ausencia

La asistencia a misa, ese ritual dominical que para muchos representa la piedra angular del catolicismo, se ha convertido en un tema de debate, incluso de desencuentro, entre los fieles. Mientras algunos la consideran un deber ineludible, un encuentro necesario con la divinidad y la comunidad, para otros se ha transformado en una ceremonia anacrónica, tediosa, desconectada de la realidad que viven. Este distanciamiento, especialmente palpable entre los jóvenes, ha llevado a la Iglesia a buscar nuevas fórmulas para revitalizar la liturgia, incorporando música contemporánea y lenguajes más accesibles, en un intento por reconectar con las nuevas generaciones. Sin embargo, la brecha persiste. Para muchos, la misa sigue siendo una obligación más que una experiencia enriquecedora.

Es cierto que existen excepciones, momentos en los que la liturgia trasciende lo cotidiano y se convierte en una experiencia conmovedora. Las bodas, los funerales, las grandes celebraciones religiosas, con su carga emotiva y su esplendor artístico –pensemos en las imponentes misas de Mozart, Fauré o Verdi–, consiguen captar la atención y generar una conexión profunda, incluso en aquellos que se declaran alejados de la fe. Son instancias en las que la música, el ritual y la solemnidad del momento se conjugan para crear una atmósfera única, capaz de trascender las barreras de la creencia.

En el contexto político, la asistencia a eventos religiosos, especialmente aquellos de gran relevancia internacional, adquiere una dimensión simbólica que va más allá de la fe personal. La reciente ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en los funerales del Papa Francisco ha generado controversia y despertado interrogantes. Si bien la mandataria ha declarado públicamente su ateísmo, su inasistencia a un evento de tal magnitud, considerando la profunda raigambre católica de México, resulta, cuanto menos, una decisión cuestionable. Más aún cuando, en ocasiones anteriores, Sheinbaum ha expresado su admiración por el liderazgo del pontífice argentino y su sintonía con su mensaje de solidaridad con los más necesitados.

La imagen de líderes mundiales, de diversas creencias y ideologías, reunidos en un acto de homenaje al Papa Francisco, contrastaba con la ausencia de la representante de un país mayoritariamente católico. En el ámbito de la comunicación política, la "foto con el Papa" tiene un valor simbólico innegable. Representa una oportunidad para proyectar una imagen de estadista, de líder conectado con los valores universales. ¿Por qué desaprovechar esa oportunidad? ¿Qué motivó a la presidenta a renunciar a esa plataforma global?

La alta popularidad de Sheinbaum, constantemente resaltada en encuestas y análisis políticos, plantea aún más interrogantes sobre su decisión. Con un amplio respaldo popular, ¿qué riesgo real implicaba su presencia en los funerales papales? ¿Temía una reacción negativa de sectores anticlericales? ¿O se trató simplemente de un error de cálculo en su estrategia de comunicación? La ausencia de Sheinbaum en un evento de tal trascendencia deja un vacío y abre un espacio para la especulación, especialmente en un contexto político tan competitivo como el actual. La oportunidad perdida de proyectar una imagen de liderazgo a nivel internacional contrasta con la fuerza de su imagen a nivel nacional, generando un desequilibrio que resulta difícil de comprender. La representación de México recayó en la Secretaria de Gobernación, una figura institucional que, si bien cumple con el protocolo, carece del peso político y simbólico de la presidenta. En definitiva, la decisión de Sheinbaum genera más preguntas que respuestas, y deja la sensación de una oportunidad desaprovechada.

Fuente: El Heraldo de México