29 de abril de 2025 a las 09:40
Domina el arte de soñar
En un mundo obsesionado con la productividad, donde quemar la mecha por ambos extremos se ve a menudo como una insignia de honor, surge una contracorriente silenciosa pero poderosa: el reconocimiento del sueño como un pilar fundamental para el alto rendimiento. Ya no se considera una pérdida de tiempo, sino una inversión estratégica, un activo vital para quienes buscan no solo sobrevivir, sino prosperar en el competitivo panorama actual.
Durante mucho tiempo, la narrativa dominante ha ensalzado el sacrificio del sueño en aras del éxito. Muchos jóvenes profesionales, inspirados por figuras que presumían de dormir apenas unas horas, se embarcaron en la peligrosa misión de minimizar su descanso, creyendo erróneamente que esto les daría una ventaja. Sin embargo, la ciencia y la experiencia de líderes contemporáneos desmienten esta creencia, demostrando que el sueño no es un lujo, sino una necesidad biológica y estratégica.
Recuerdo mis propios experimentos con la privación del sueño, impulsado por la falsa promesa de que menos descanso equivalía a mayor productividad. Intenté forzar a mi cuerpo a funcionar con ciclos de sueño mínimos, convencido de que la disciplina y la fuerza de voluntad podían superar la necesidad de descanso. El resultado fue inevitable: un desgaste físico y mental que afectaba mi capacidad de concentración, mi toma de decisiones y mi discernimiento. Si bien el cuerpo puede, hasta cierto punto, soportar la falta de sueño, el cerebro paga un alto precio.
El punto de inflexión llegó cuando descubrí investigaciones que desmantelaban el mito del sueño como enemigo de la productividad. Líderes empresariales de renombre, incluyendo al expresidente Bill Clinton, admitían que algunas de sus peores decisiones fueron tomadas bajo los efectos del cansancio, producto de la falta de sueño. No eran casos aislados, sino una tendencia que se repetía en las altas esferas del liderazgo.
La ciencia respalda esta nueva perspectiva. El estudio de K. Anders Ericsson sobre el rendimiento excepcional, popularizado por Malcolm Gladwell, reveló que los violinistas más destacados no solo practicaban más, sino que también dormían significativamente más que sus colegas, alrededor de 8.6 horas por noche, además de incorporar siestas a su rutina diaria. El sueño no era un impedimento, sino un componente crucial para alcanzar la excelencia.
El profesor Charles A. Czeisler, de Harvard, ha establecido una comparación reveladora: la falta de sueño equivale a estar bajo los efectos del alcohol. Una noche en vela, o dormir solo cuatro o cinco horas durante una semana, produce una disfunción cognitiva comparable a un nivel de alcohol en sangre del 0.1%. “Aplaudimos a quienes sacrifican su sueño, pero nunca celebraríamos a alguien que está constantemente ebrio”, señala Czeisler. La paradoja es evidente.
La neurociencia ha profundizado en los mecanismos por los cuales el sueño potencia la función cerebral. Investigaciones de la Universidad de Lübeck demuestran que una noche de sueño reparador mejora la capacidad para resolver problemas complejos, permitiendo al cerebro reorganizar y fortalecer las conexiones neuronales. Incluso una breve siesta puede ser un catalizador de la creatividad. Un solo ciclo de sueño REM es suficiente para mejorar la integración de información no relacionada, abriendo la mente a nuevas ideas y soluciones.
Este cambio de paradigma ya se está manifestando en los círculos de alto rendimiento. Figuras como Jeff Bezos y Mark Andreessen hablan abiertamente sobre la importancia del sueño. Bezos, fundador de Amazon, atribuye a sus ocho horas de sueño la claridad mental y la capacidad de tomar decisiones acertadas. Andreessen, pionero de internet, confiesa que la falta de sueño lo convertía en un “zombi” incapaz de alcanzar su máximo potencial.
Como señala Nancy Jeffrey, del Wall Street Journal, dormir bien se ha convertido en el nuevo símbolo de estatus entre los líderes exitosos, reemplazando la antigua cultura del trabajo hasta el agotamiento. Sin embargo, aún persisten entornos laborales donde el descanso se ve con recelo. Aunque empresas innovadoras como Google han implementado espacios para siestas, su uso sigue siendo limitado. No obstante, la simple existencia de estas iniciativas envía un mensaje poderoso: el cuidado de la salud física y mental es tan importante como el logro de los objetivos corporativos.
Para alcanzar niveles superiores de contribución y creatividad, es imperativo transformar nuestra percepción del sueño. No es un obstáculo, sino el fundamento del rendimiento sostenible a largo plazo. El verdadero desafío para quienes aspiran a la excelencia no es trabajar más duro, sino descansar lo suficiente para trabajar mejor.
Debemos priorizar lo verdaderamente importante y comprender que el sueño no es una concesión, sino una inversión en nuestro bienestar y en nuestra capacidad de alcanzar nuestro máximo potencial. En un mundo que a menudo glorifica el agotamiento, quienes eligen el descanso están ganando una ventaja decisiva. Dormir no es perder el tiempo, es ganar claridad, energía y visión. Es el nuevo superpoder de quienes aspiran a dejar una huella significativa en el mundo. Nos preocupamos por la carga de nuestros dispositivos electrónicos, pero ¿qué hay de nuestra propia batería? El sueño es nuestro cargador natural, esencial para vivir plenamente y experimentar al máximo cada momento de vigilia.
Fuente: El Heraldo de México