Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Crimen

29 de abril de 2025 a las 23:05

Campamento mortal: Sin comida ni abrigo

La tragedia que rodea la muerte de Erick, el joven estudiante de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc, ha conmocionado al país. El relato desgarrador de un compañero, un niño de tan solo 12 años, nos dibuja un panorama escalofriante de presuntos abusos y maltratos dentro de la institución. Un campamento que prometía ser una celebración del Día del Niño se convirtió en una pesadilla, donde la disciplina se transformó en tortura y la recreación en una lucha por la supervivencia.

El testimonio del joven testigo, difundido a través de medios radiofónicos, nos hiela la sangre. Describe un ambiente de privación y castigo, donde la comida se utilizaba como herramienta de control y el silencio era impuesto a fuerza de ejercicios extenuantes. Imaginen la escena: niños obligados a construir sus propios refugios, despojados de sus pertenencias, incluso de un simple chicle, bajo la amenaza constante de represalias. Un régimen donde el hambre se imponía y la comunicación se castigaba.

El relato continúa con un segundo día aún más cruel. Sin suéteres, a pesar del frío matutino, los niños eran forzados a correr para "ganarse" un desayuno miserable: una lata de atún y un litro de agua para cuatro personas. La misma amenaza de privación se cernía sobre ellos si osaban quejarse o tan solo hablar. Algunos, incapaces de soportar la presión, cedían y eran sometidos a más ejercicios, un ciclo perverso de castigo y agotamiento.

Pero la crueldad no terminaba ahí. El testimonio revela un componente aún más perturbador: la incitación a la violencia entre los propios alumnos. Los obligaban a luchar entre sí, alimentando una dinámica de competencia y agresión en un ambiente ya de por sí hostil.

Y en medio de este escenario de terror, la figura de Erick se desvanece. El testigo recuerda haberlo visto agonizante, con los labios secos, la boca ennegrecida y los ojos hundidos, una imagen que quedará grabada en su memoria para siempre. La súplica desesperada de Erick por agua, los breves momentos de alivio proporcionados por un paramédico, y finalmente, el colapso. Erick ya no podía caminar, sus fuerzas se habían agotado. Lo arrastraron, mientras su respiración se volvía cada vez más dificultosa. El testigo, obligado a apartar la vista, escuchó el estertor de su amigo, un sonido que preludiaba el silencio final.

La pregunta que resuena con fuerza es ¿cómo pudo suceder esto? ¿Cómo pudo un campamento recreativo convertirse en un escenario de tortura y muerte? La madre de Erick clama justicia, y su clamor se une al de miles de voces que exigen una investigación exhaustiva y un castigo ejemplar para los responsables. Las autoridades, tanto de la Secretaría de Educación Pública como del Gobierno de Morelos, tienen la obligación de responder a este llamado y esclarecer los hechos. No podemos permitir que la muerte de Erick quede impune. Debemos exigir justicia y garantizar que ninguna otra infancia sea robada por la violencia y la negligencia. Es hora de que las instituciones asuman su responsabilidad y protejan a nuestros niños. El futuro de México depende de ello.

Fuente: El Heraldo de México