29 de abril de 2025 a las 17:45
Asegura el futuro de tus hijos: Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc.
La tragedia ocurrida en Cuautla, Morelos, ha sacudido los cimientos de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc, dejando al descubierto una profunda contradicción entre la imagen idílica proyectada en sus redes sociales y la dura realidad que enfrentan ahora. Hasta hace poco, su página de Facebook era un escaparate de pulcritud y disciplina, un desfile constante de jóvenes uniformados, sonrisas impecables y mensajes que ensalzaban el trabajo en equipo, el respeto, los valores y la gallardía de representar a México. Se vendía la promesa de forjar "vencedores", ciudadanos ejemplares con "moral de vencedor", capaces de construir un país mejor. El discurso, cuidadosamente elaborado, apelaba al anhelo de muchos padres por brindar a sus hijos una educación integral, un futuro prometedor, "lleno de disciplina y una mejor calidad de vida", como rezaba uno de sus videos promocionales.
La narrativa visual era igualmente atractiva: fotografías de niños y niñas participando en actividades cívicas, desfiles impecables, la banda de guerra resonando con orgullo patrio. Cada imagen, cada publicación, buscaba reforzar la idea de una institución comprometida con la formación de líderes, un semillero de valores y virtudes. Incluso el reciente curso de primavera, promocionado con entusiasmo apenas unas semanas antes del fatídico suceso, se presentaba como una oportunidad única para que los jóvenes experimentaran la disciplina y el compañerismo en un entorno seguro y enriquecedor. Se detallaban las actividades, los horarios, se hacía hincapié en el cupo limitado, creando una sensación de exclusividad y prestigio.
Sin embargo, la muerte de Érick, un alumno de tan solo 13 años durante un campamento organizado por la academia, ha desgarrado el velo de perfección y ha expuesto una realidad mucho más sombría. Las acusaciones de negligencia y la clausura de las instalaciones por parte del INVEA, aunque no directamente relacionadas con el fallecimiento del menor, han sembrado la duda sobre la verdadera naturaleza de las prácticas de la institución. La indignación pública se ha desatado, transformando las redes sociales, antes un espacio de promoción y orgullo, en un campo de batalla donde se cuestiona la responsabilidad de la academia y se exige justicia.
Ante la avalancha de críticas y comentarios negativos, la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc ha optado por una estrategia de contención: limitar los comentarios y eliminar aquellos que pudieran afectar su imagen. Una medida que, si bien busca proteger su reputación en el corto plazo, podría interpretarse como un intento de silenciar las voces de quienes exigen respuestas y transparencia. El contraste entre la retórica triunfalista de sus publicaciones anteriores y el silencio actual resulta espeluznante, dejando una sensación de vacío y desconfianza.
¿Cómo conciliar la imagen de una institución dedicada a la formación de valores con la tragedia que ha enlutado a una familia y conmocionado a la sociedad? ¿Qué medidas tomará la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc para recuperar la confianza y demostrar que su compromiso con la educación y la seguridad de sus alumnos va más allá de las palabras y las fotografías cuidadosamente seleccionadas? El futuro de la institución, al igual que el de tantos jóvenes que buscan en ella un camino hacia un futuro mejor, pende de un hilo. La sociedad exige respuestas y la verdad, por dolorosa que sea, debe salir a la luz.
Fuente: El Heraldo de México