30 de abril de 2025 a las 00:00
Alerta: ¿Jitomate más caro?
La sombra del arancel del 21% se cierne sobre el jitomate mexicano, reavivando una disputa comercial con Estados Unidos que parecía dormida. Más allá de un simple intercambio de bienes, esta medida amenaza con desestabilizar un sector vital para la economía mexicana y alterar la cadena de suministro de un producto esencial en la dieta de millones de personas a ambos lados de la frontera. El escenario se presenta complejo, con posibles consecuencias que van desde la pérdida de empleos en México hasta el encarecimiento de productos básicos en Estados Unidos.
El jitomate, lejos de ser un producto más, se ha consolidado como un pilar del comercio agroalimentario mexicano. Su participación en las exportaciones a Estados Unidos, destino del 99% de nuestros productos agroalimentarios, es significativa. Hablamos de un sector que ha experimentado un impresionante crecimiento del 53.4% en valor desde 2019, un logro que se ve ahora amenazado por la imposición de este nuevo arancel. Miles de empleos, principalmente en Sinaloa y otras regiones productoras, penden de un hilo, familias enteras que dependen del cultivo y comercialización de este fruto se enfrentan a un futuro incierto.
La innovación y la tecnología han sido claves en el desarrollo del sector jitomatero mexicano. Genética de alto rendimiento, viveros de clase mundial y una constante búsqueda de la excelencia han permitido a México exportar el 50% de su producción a Estados Unidos. Este arancel no solo impacta un producto, sino que golpea directamente el esfuerzo, la inversión y la dedicación de miles de mexicanos que han apostado por la modernización y la competitividad.
El impacto inmediato en México se traduce en una posible sobreoferta en el mercado interno. Los jitomates que no crucen la frontera se quedarán en el país, presionando los precios a la baja. Esta situación, aunque podría beneficiar al consumidor en el corto plazo, terminará afectando los ingresos de los productores locales, quienes verán mermadas sus ganancias y se verán obligados a tomar decisiones difíciles para mantener sus operaciones a flote.
A largo plazo, la persistencia de este arancel podría desencadenar una disminución en la producción de jitomate en México. La falta de incentivos para la siembra, aunado a la incertidumbre del mercado, podría generar escasez y, consecuentemente, un incremento en el precio del producto a nivel nacional. Esta situación impactaría directamente la canasta básica, encareciendo productos derivados del jitomate, desde salsas y purés hasta platillos tradicionales de la gastronomía mexicana.
En Estados Unidos, la historia es diferente. Dependientes en un 50% del jitomate mexicano, los consumidores estadounidenses se enfrentarán a un aumento considerable en el precio de este producto. Desde una simple ensalada hasta la pizza del fin de semana, pasando por salsas y kétchup, el costo de productos cotidianos se verá incrementado, afectando la economía familiar y generando un efecto dominó en la cadena de suministro.
La imposición de este arancel trasciende la esfera económica. Se trata de un golpe a las relaciones comerciales entre dos países vecinos, un obstáculo para la integración regional y una amenaza para la seguridad alimentaria de millones de personas. La búsqueda de soluciones diplomáticas y la apertura al diálogo se presentan como la única vía para evitar una escalada en la disputa y proteger a un sector vital para ambas naciones.
Fuente: El Heraldo de México