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29 de abril de 2025 a las 06:20

Abuelo exige justicia para Erick

La tragedia que rodea la muerte de Erick Leonardo Terán Torbellín ha conmocionado a la sociedad mexicana. Un niño de tan solo 13 años, lleno de sueños e ilusiones, con la aspiración de servir a su país desde las filas militares, perdió la vida en circunstancias que claman justicia. Su historia, narrada a través del dolor de sus familiares, revela un entramado de presuntos abusos y negligencias que exigen una investigación exhaustiva y un castigo ejemplar para los responsables.

El testimonio de su abuelo, Isaías Torbellín, dibuja la imagen de un niño ejemplar, dedicado a sus estudios, con un promedio de 9.8, que portaba con orgullo el uniforme de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc. Un niño que, según su abuelo, soportaba estoicamente los castigos colectivos, incluso aquellos que no le correspondían, como las lagartijas y los saltos. La descripción de estos castigos, que parecen más propios de un régimen de abuso que de una institución formativa, nos obliga a cuestionar los métodos empleados por la academia y la supervisión que, evidentemente, falló en proteger a Erick.

El campamento en Cuautla, Morelos, que debía ser una experiencia de aprendizaje y camaradería, se convirtió en el escenario de una tragedia. La versión de los hechos presentada por la familia acusa directamente a capitanes y sargentos de la academia de propinar una brutal golpiza a Erick. Se habla de arrastrar al menor por un cerro, de negarle asistencia médica, de un sufrimiento prolongado que culminó con su muerte. Las desgarradoras declaraciones del abuelo, que describe la ropa de Erick ensangrentada, orinada y con marcas de botas, son un testimonio crudo de la violencia que el niño padeció.

La supuesta intención de la academia de ocultar pruebas y la posible fuga de sus autoridades, denunciada por la familia, agravan aún más la situación. Si estas acusaciones se confirman, estaríamos ante un intento de obstruir la justicia, un acto que debería ser severamente sancionado.

La madre de Erick, Erika Torbellín, añade más detalles al relato de horror. Compañeros de Erick, tras su muerte, habrían revelado un patrón de abusos físicos sistemáticos dentro de la academia. La versión oficial, que atribuye la muerte a una insolación o un ataque de asma, es categóricamente desmentida por la madre, quien describe las múltiples lesiones que presentaba el cuerpo de su hijo. Cortadas, rasguños, moretones y marcas de pisadas son evidencias que contradicen la explicación oficial y refuerzan la hipótesis de una agresión brutal.

La denuncia de irregularidades en la investigación, como la falta de diligencia de las autoridades de Cuautla y la manipulación de evidencias, como el uniforme de Erick, añaden otra capa de preocupación a este caso. La exigencia de justicia de la familia es un clamor que no puede ser ignorado. La sociedad exige una investigación transparente y un castigo ejemplar para todos los involucrados en la muerte de Erick.

La clausura temporal de la academia y las inspecciones en curso son un primer paso, pero no son suficientes. Es necesario llegar al fondo de este caso, esclarecer todas las circunstancias que rodearon la muerte de Erick y garantizar que ningún otro niño sufra abusos similares. La memoria de Erick y el dolor de su familia exigen justicia. Y la sociedad debe velar para que se haga justicia. La protesta de algunos padres que defienden la academia plantea interrogantes sobre si estaban al tanto de los métodos utilizados y si su prioridad es la educación de sus hijos o la reputación de la institución. Este caso debe servir para revisar los protocolos de seguridad en este tipo de instituciones y garantizar la protección de los menores.

Fuente: El Heraldo de México