28 de abril de 2025 a las 09:40
¡Trump: 100 días que cambiaron TODO!
A cien días del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, el panorama político se presenta tan turbulento como previsible. La promesa de un segundo mandato "aún más grande" se ha diluido en una vorágine de decisiones cuestionables y una retórica incendiaria que resuena con la familiaridad de un déjà vu. Si bien sus fervientes seguidores continúan viendo en él una figura mesiánica, ajena a la crítica y al escrutinio, la realidad es que el descontento se extiende como una mancha de aceite, incluso entre quienes le otorgaron su voto en las pasadas elecciones.
La economía, lejos de experimentar el auge prometido, se tambalea en la cuerda floja de una guerra comercial autoinfligida. China, Canadá y otros socios estratégicos han sido blanco de aranceles y sanciones, en una estrategia que, hasta el momento, ha generado más incertidumbre que beneficios tangibles para el ciudadano estadounidense. El proteccionismo exacerbado, lejos de revitalizar la industria nacional, ha sembrado la semilla de la desconfianza en los mercados internacionales y ha erosionado la imagen de Estados Unidos como un actor confiable en el tablero global.
La polarización política, seña de identidad de la era Trump, se ha agudizado hasta alcanzar niveles alarmantes. El discurso beligerante, las acusaciones infundadas y la constante denigración de sus oponentes han fracturado el tejido social y han minado la credibilidad de las instituciones democráticas. La comparación con el estilo de gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México no es gratuita. Ambos líderes comparten una base de apoyo incondicional, impermeable a la crítica, y una propensión a la confrontación que dificulta el diálogo y la construcción de consensos.
Como bien apunta el politólogo Bruce Mellman, el gobierno Trump puede estar actuando en consonancia con las demandas de una parte de la población, pero sus métodos, a menudo erráticos e impulsivos, generan rechazo y desconfianza en la mayoría. La calificación de "caótico" y "aterrador", recogida en recientes encuestas, refleja el sentir generalizado de una nación sumida en la incertidumbre. La caída en los índices de aprobación, incluso por debajo de los registrados durante su primer mandato, es un síntoma inequívoco de la erosión de su capital político.
Trump, sin embargo, parece cómodo en el ojo del huracán. La polémica es su hábitat natural, el escenario desde el que construye su narrativa y ejerce su poder. Sus propuestas extremas, en materia comercial y migratoria, podrían interpretarse como una estrategia de negociación, una apuesta arriesgada para obtener concesiones a través de la confrontación. No obstante, este juego de "tira y afloja" tiene consecuencias reales para la economía global y para la imagen de Estados Unidos en el mundo.
La concentración de poder en la figura presidencial, a expensas del equilibrio de poderes y del respeto a las instituciones, representa una amenaza latente para la democracia estadounidense. El desprecio por los aliados tradicionales y la imposición de una agenda unilateralista han aislado a Estados Unidos en un mundo cada vez más interconectado. La pregunta que queda en el aire es si el actual retroceso es un simple tropiezo en el camino o el preludio de una crisis aún mayor. El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.
Fuente: El Heraldo de México