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28 de abril de 2025 a las 22:25
¿Temach despreció el trono de $70,000?
La historia del trono de 70,000 pesos se ha convertido en la comidilla de las redes sociales, un culebrón digital con sabor a traición, decepción y carpintería fina. El Temach, el autoproclamado gurú del amor, se encuentra en el ojo del huracán, no por sus habituales consejos machistas –que ya son moneda corriente–, sino por un desaire real como la vida misma, un unfollow que resonó más fuerte que mil sermones sobre la conquista. ¿La víctima? Un carpintero, un artesano del machihembrado y el barniz, quien, cegado por la admiración, se embarcó en la titánica tarea de construir un trono digno de un rey… o al menos, de un influencer.
La trama se complica, adquiere tintes shakesperianos, porque este trono no fue fruto de un capricho solitario. No, señores. Este fue un proyecto financiado por la fe, por la devoción ciega de los seguidores de El Temach, quienes, con la ilusión de agradar a su ídolo, aportaron su granito de arena –o mejor dicho, su pesito– para que la majestuosa obra se hiciera realidad. Imaginen la escena: un ejército de fans, unidos por una causa común, tejiendo con sus donaciones la trama de un sueño dorado, un trono que simbolizaba la grandeza de su gurú.
Y entonces, el golpe bajo, la puñalada trapera: El Temach, con la frialdad de un iceberg, deja de seguir al carpintero. Un clic, un gesto mínimo, pero cargado de significado. El silencio digital, esa nueva forma de desprecio, se instaló entre ambos. El carpintero, con el trono a medio terminar y el corazón roto, compartió su desventura en TikTok. La indignación se propagó como la pólvora, las redes sociales se convirtieron en un hervidero de comentarios, críticas y teorías conspirativas. ¿Qué había motivado semejante acto de ingratitud? ¿Acaso El Temach consideraba que el trono no estaba a la altura de su regia figura? ¿O simplemente se había aburrido del carpintero y su séquito de fans entusiastas?
La polémica está servida. Algunos, con una ironía mordaz, califican al carpintero de "simp", recordando las enseñanzas de su propio ídolo, quien predica la austeridad y el rechazo a los halagos excesivos, especialmente hacia las mujeres. Otros, más pragmáticos, exigen que el trono sea entregado, que la inversión de los fans no se pierda en el limbo del olvido digital. El carpintero, por su parte, asegura que no se dará por vencido, que luchará hasta las últimas consecuencias para que su obra maestra llegue a su destinatario, aunque tenga que escalar las murallas del castillo virtual de El Temach.
Mientras tanto, el gurú del amor guarda silencio, ajeno al clamor popular. Quizás esté demasiado ocupado dispensando consejos sentimentales, ignorando que la verdadera lección de amor, en esta ocasión, la está impartiendo el carpintero con su tenacidad y su fe inquebrantable. El trono, más allá de su valor monetario, se ha convertido en un símbolo, un recordatorio de que la admiración ciega puede llevar a la decepción, pero también de que la perseverancia y la pasión por el trabajo bien hecho pueden mover montañas… o al menos, transportar un trono de 70,000 pesos.
Fuente: El Heraldo de México