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28 de abril de 2025 a las 09:35

México en el mundo: Humanismo y política

El humanismo mexicano, un faro que guía nuestra política exterior, hunde sus raíces en la rica fusión del pensamiento indígena prehispánico con la filosofía renacentista europea. Desde el siglo XVI, esta corriente ha moldeado nuestra identidad, poniendo al ser humano en el centro, reconociendo su capacidad para forjar su propio destino. No se trata de una simple adopción de ideas externas, sino de una reelaboración propia, profundamente arraigada en nuestra historia, que busca la dignidad humana, la justicia social y la soberanía nacional.

Este humanismo, con sello mexicano, se cristaliza en la Constitución de 1917, pionera en elevar a rango constitucional los derechos económicos, sociales y culturales, una visión adelantada a su tiempo que reconoce la interdependencia de estos derechos para el pleno desarrollo del individuo. No se limita a una declaración de principios, sino que se traduce en acciones concretas en nuestra política exterior, plasmada en las doctrinas Juárez, Carranza y Estrada. Estos pilares, enunciados por Venustiano Carranza en 1918, abogan por la no intervención, la autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de controversias y la igualdad jurídica entre los Estados. Principios universales que, décadas después, serían la base de la Carta de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, demostrando la visión vanguardista de México en el escenario internacional.

La defensa de los derechos humanos, inherentes a la dignidad humana, es una constante en la diplomacia mexicana. Desde 1945, en el Castillo de Chapultepec, México impulsó la legitimidad del interés internacional en la situación de los derechos humanos en todos los países, un cambio de paradigma que rompió con la noción de la soberanía absoluta en este ámbito. Esta postura se consolidó con la inclusión de la promoción y protección de los derechos humanos en la Carta de la ONU, uno de los tres propósitos principales de este organismo multilateral.

La huella de México en la Declaración Universal de los Derechos Humanos es innegable. La inclusión del derecho de amparo, la protección de la familia y el derecho a la vida cultural son testimonio de nuestro aporte a este documento fundamental. Nuestro país ha sido un actor clave en la construcción del derecho internacional de los derechos humanos, albergando la Primera Conferencia Internacional de la Mujer en 1975, que sentó las bases para la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, un instrumento vital para la política exterior feminista que hoy abrazan muchos países.

La defensa de los migrantes, especialmente de nuestros connacionales, es una prioridad inquebrantable. La propuesta de la Convención sobre los Derechos de los Trabajadores Migratorios y del Pacto Global sobre Migración son muestra de este compromiso. México se erige como una voz firme en la protección de los derechos de quienes se ven obligados a dejar su tierra en busca de un futuro mejor.

El humanismo mexicano se manifiesta también en nuestra apuesta por el multilateralismo, el desarme nuclear –con los tratados de Tlatelolco, la prohibición de ensayos nucleares y la prohibición de armas nucleares–, la lucha contra el cambio climático con el Acuerdo de París, la preservación de la biodiversidad y el compromiso con la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En resumen, la política exterior mexicana es un reflejo de nuestro humanismo, una corriente de pensamiento que pone a las personas en el centro, defiende la soberanía nacional, promueve la inclusión, combate la desigualdad y aboga por la cooperación internacional. Un humanismo vivo, en constante evolución, que sigue iluminando el camino de México en el mundo.

Fuente: El Heraldo de México