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29 de abril de 2025 a las 01:55
Más padres denuncian abusos en Academia Ollin.
La tragedia que rodea la muerte de Erick Torbellín en la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc ha sacudido a la comunidad y destapado una olla de presión llena de denuncias sobre maltrato y abuso. La versión oficial, que atribuye el fallecimiento a un ataque de asma durante un campamento, se desmorona ante el testimonio desgarrador de su madre, Ericka Torbellín, y la evidencia de la necropsia: un estallamiento de vísceras, consecuencia, según testigos presenciales, de una brutal golpiza propinada por personal de la institución. Imaginen la escena: un niño de tan solo 13 años, arrastrado y pateado durante diez interminables minutos, ante la mirada impasible de quienes debían protegerlo. ¿Qué tipo de formación, qué valores se inculcan en un lugar donde la violencia se ejerce con tanta impunidad?
La indignación de la madre, su dolor inconmensurable, se multiplica con la revelación de que Erick no era un caso aislado. Otros padres de familia, con la voz entrecortada por el miedo y la rabia, han alzado la voz para denunciar un patrón sistemático de maltrato. Golpes, abusos físicos y psicológicos, amenazas de arresto para silenciar las quejas… Un panorama desolador que dibuja una institución donde la disciplina se confunde con la brutalidad, y la formación integral se convierte en una pesadilla. Se habla de al menos 30 alumnos agredidos en el mismo campamento, sometidos a ejercicios físicos extenuantes para "ganarse" el alimento y el agua, una práctica que roza la tortura y que nos obliga a preguntarnos: ¿dónde estaban las autoridades mientras esto sucedía? ¿Cómo es posible que una institución educativa se convierta en un espacio de terror para los niños que alberga?
La movilización de los padres de familia frente a las instalaciones de la academia es un grito desesperado por justicia, una exigencia de respuestas que hasta el momento no han llegado. El silencio de las autoridades escolares es ensordecedor, alimenta la sospecha y la desconfianza. ¿Qué intentan ocultar? ¿A quién protegen? La presión social aumenta, la demanda de una investigación exhaustiva e imparcial se hace cada vez más fuerte. El caso de Erick Torbellín no puede quedar impune. Es imperativo que se esclarezcan los hechos, que se depuren responsabilidades y que se garantice que ningún otro niño sufra la misma suerte. La sociedad entera debe estar vigilante, exigiendo que se haga justicia y que se implementen medidas para erradicar la violencia en todos los ámbitos educativos. No podemos permitir que la impunidad se imponga, que el miedo silencie las voces de las víctimas. El futuro de nuestros niños está en juego.
Fuente: El Heraldo de México