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29 de abril de 2025 a las 00:35

Justicia para Erick: Madre exige honores fúnebres

La tragedia que envuelve la muerte de Erick Ollin, de tan solo 13 años, durante un campamento de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc en Morelos, ha dejado al descubierto un escalofriante relato de presunta negligencia y encubrimiento. Las palabras de su madre, Érika Torbellin, resonan con la fuerza de una madre que busca justicia para su hijo. No solo ha perdido a su niño, sino que ahora se enfrenta a una institución que, según su testimonio, intenta silenciar la verdad.

La prohibición impuesta a los compañeros de Erick de asistir a su funeral con los honores que merecía, vistiendo el escudo de la escuela, es un acto que indigna y levanta serias sospechas. ¿Qué se intenta ocultar? ¿Por qué negarle a un niño el último adiós de sus amigos, el reconocimiento de su pertenencia a una comunidad que, en teoría, debería haberlo protegido? El hecho de que estos jóvenes, desafiando la prohibición, hayan acudido a despedir a su compañero con cantos y toques militares, demuestra la profunda conexión que existía entre ellos y el repudio a la postura adoptada por la academia. Este acto de valentía juvenil contrasta con la aparente frialdad y la posible manipulación por parte de la institución.

El testimonio de Érika Torbellin es desgarrador. Describe cómo, según al menos 30 niños presentes, Erick se quejó de dificultades para respirar tras realizar ejercicios, para luego desmayarse. La imagen de una profesora arrastrando al niño inconsciente durante 10 minutos entre las piedras es estremecedora. Las marcas en el cuerpo del menor, los moretones, la nariz rota, el golpe en el ojo, la cortada en el pie, los arañazos en la entrepierna y las pisadas en su uniforme, pintan un cuadro de violencia que contradice la versión oficial de una muerte por causas naturales. La insistencia del capitán de la academia en atribuir el fallecimiento a un asma, insolación o deshidratación, suena a un intento desesperado por evadir responsabilidades.

La acusación de la madre sobre un castigo previo a Erick, por quejarse del malestar causado por supuestas golpizas, añade otra capa de horror a esta historia. Si esto se confirma, estaríamos hablando de un nivel de crueldad inaceptable en una institución que se supone debe formar a jóvenes en valores y disciplina.

La exigencia de Érika Torbellin a las autoridades de la Ciudad de México para que esclarezcan este caso y castiguen a los responsables es un clamor de justicia que no puede ser ignorado. La detallada descripción del estado del cuerpo de su hijo, la ropa pisoteada, la corneta que ella misma colocó en sus manos, son evidencias que exigen una investigación exhaustiva e imparcial. No se puede permitir que la muerte de Erick Ollin se archive como un simple caso de "causas naturales". La sociedad necesita respuestas, la verdad debe salir a la luz y los responsables deben rendir cuentas. ¿Qué tipo de formación se imparte en esta academia militarizada? ¿Qué tipo de valores se inculcan? Estas son preguntas que las autoridades deben responder. La memoria de Erick Ollin y el dolor de su madre lo exigen.

Fuente: El Heraldo de México